LA GESTIÓN DE EQUIPOS Y EL RETO DE LA MANDALA

¡Me encanta colorear mandalas! Es una actividad que me invita mucho a la reflexión y a ordenar las ideas. Hace unos días mis hijos me plantearon un reto: Colorear la mandala de la foto pero contando para ello solo con cuatro colores elegidos por ellos al azar.

Con lo ojos cerrados seleccionaron cuatro rotuladores del montón y como suele pasar en estos casos, la suerte no fue precisamente una gran aliada porque, honestamente, el conjunto de los colores seleccionados era a priori bastante poco armónico.

Pero como no está bien dejarse amedrentar por los retos, y menos aún hacerlo delante de tus propios hijos, lejos de desanimarme y de entrar en pánico decidí aceptar la realidad y la escasez de recursos y ponerme manos a la obra. Mi modus operandi fue el siguiente:

1.- Analicé cada uno de los colores que tenía y su potencial interacción con el resto, observé sus reacciones conjuntas. Identifiqué qué colores respondían bien a la compañía de los otros y cuáles no…

2.- También estudié los espacios a cubrir, tratando de predecir cómo me respondería un color oscuro ante la tarea de colorear una superficie muy pequeña sin salirme de los márgenes. Traté de encontrar un criterio de equilibrio entre la intensidad del color y el volumen de superficie a colorear. Llegué incluso a darme cuenta de que, en realidad, contaba con un color más para acometer mi objetivo: el blanco del papel .

3.- Finalmente, identifiqué qué colores tapaban a los otros, ya que en el proceso del coloreado de espacios tan pequeños era más que previsible exceder en algún caso los márgenes y para estas situaciones es recomendable tener siempre un plan B esbozado.

Esto me recuerda…

Ya metida en faena no pude evitar pensar, por pura deformación profesional, que mi ejercicio de análisis en tres pasos arriba descrito guardaba ciertas similitudes con lo que supone en la vida real gestionar equipos de trabajo:

Para empezar, es cierto que la idea de tener a tu lado un equipo de alto rendimiento, de esos «de manual» en el que todos los miembros engranan perfectamente entre sí y conviven en perfecta armonía, me resulta bastante utópica y alejada del mundo.

La realidad es que normalmente acometes la labor de liderar un equipo ya conformado y en el que, por lo tanto, «no puedes elegir los rotuladores». . Con mucha suerte puedes seleccionar algún perfil nuevo o reemplazar alguna baja por un soplo de aire fresco pero, en contadas ocasiones tienes la posibilidad de ir a la caja de rotuladores para elegir de ella todos los colores que necesitas. Además, en todo equipo cabe esperar que se manifiesten sus filias y fobias, demandando el lidiar con ello un plus de habilidad de gestión por parte del líder

Dicho esto, creo que en la mayoría de las veces la gestión exitosa de un equipo pasaría por hacer con las personas algo muy similar a lo que yo hice con mi mandala y los cuatro rotuladores.

1.- Observa qué perfiles tienes en tu equipo, y cómo interactúa cada uno de ellos con el resto de sus compañeros. Estamos de acuerdo en que es fundamental hacer un buen análisis competencial identificando fortalezas y debilidades de cada miembro del equipo pero no es menos importante recordar que gestionamos personas, y por lo tanto, emociones. Tan importante como identificar las fortalezas de cada miembro del equipo es saber predecir qué colores se potencian entre ellos y serán capaces de generar un resultado multiplicador y cuáles se eclipsan o se diluyen entre sí.

2.- Asigna bien las tareas. No todos los colores son idóneos para cualquier superficie, el resultado ha de ser armónico. Un color intenso puede llegar a saturar y a ser reiterativo si le damos un espacio predominante, y un color anodino puede desvelar matices sorprendentes en la superficie adecuada y con un compañero de viaje bien elegido. Nunca pases por alto ningún recurso, ni siquiera los que en un primer momento no detectaste. ¡Todo suma! incluso el blanco de la hoja puede llegar a ser un aliado para equilibrar fuerzas.

3.- Desarrolla a las personas. Calibra siempre los riesgos, celebra los éxitos pero permite también a los miembros del equipo que puedan equivocarse para que, de este modo, mediante ese proceso puedan crecer. Siempre ante un error hay una posibilidad de que con la ayuda del resto del equipo el rumbo se pueda redirigir.

Y hasta aquí lo que ha dado de sí esta mandala… Al empezar no pensé que fuera capaz de conseguir un resultado con una calidad aceptable pero ahora, la verdad es que no estoy segura de que empleando otros colores hubiese quedado mejor.

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

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6 respuestas a LA GESTIÓN DE EQUIPOS Y EL RETO DE LA MANDALA

  1. María López Gamboa dijo:

    Saludos a todos y que este día este lleno de bendiciones. Viendo la mándala ya pintada, pienso que eres una persona muy estructurada, centrada y a la vez creativa para enfrentar retos.
    Leyendo tú artículo tienes mucha razón, considero que muchas personas con los mismos colores cambiaríamos mucho la visión del dibujo y eso es lo importante que aprendamos que con los mismos recursos resolvemos no sólo los problemas laborales,sino, personales viéndolos desde otros puntos de vista. Cuando aprendemos a trabajar en equipo la empresa se beneficia, debemos tomar en cuenta que las cosas no son fáciles y en esa hoja blanca siempre encontraremos un punto negro y que con respeto y colaboración logramos lo mejor.

  2. Mayte M.A. dijo:

    Eres una crack. Me ha encantado este post.

  3. Olga A.A. dijo:

    Muy acertada la comparativa y la reflexión Eva¡ un placer leerte.

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