¡¡TE SOLUCIONAMOS LA PREVENCIÓN!!

La frase que da título a este post es el eslogan elegido por un servicio de prevención ajeno, cuyo nombre por decoro omitiré, para publicitarse a bombo y platillo.

Cuando me topé con este eslogan por primera vez en un panel expuesto en una céntrica estación de trenes de Madrid no pude evitar frotarme los ojos, echarme las manos a la cabeza y considerar que, cuanto menos, la elección del mismo era tremendamente desafortunada.

Pero, una vez superado el susto inicial y dándole una posterior «pensada» al asunto, creo que este reclamo publicitario me da pie a hacer una reflexión mucho más profunda y por este motivo he decidido dedicar este post a esas cuatro palabras que tanto prometen«Te solucionamos la prevención».

La Ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales está ya próxima a cumplir los 25 años de edad pero, pese a ello, creo que la PRL sigue siendo una asignatura pendiente en este país.

Buena prueba de ello son las cifras de siniestralidad laboral que, según fuentes del Ministerio de Trabajo, ha registrado en el año 2018 un total de 617.488 accidentes con baja, de los cuales 532.977 han ocurrido en jornada de trabajo y 84.511 han sido accidentes in itínere. Estaremos de acuerdo en que casi seiscientos diecisiete mil quinientos accidentes al año siguen siendo demasiados. ¿Cierto?

Pienso que, lamentablemente, adolecemos en general como país de una abrumadora falta de consciencia y de conciencia preventiva y que la crisis económica no ha favorecido en absoluto a que esta situación revierta.

De hecho, es tristemente frecuente que las partidas de inversión en PRL estén entre las primeras a recortar en las pequeñas y medianas empresas cuando éstas encaran una perspectiva financiera adversa.

A su vez, resulta a mis ojos tremendamente preocupante que a la hora de adoptar este tipo de decisiones no resulte lo suficientemente disuasorio ni el riesgo que supone la siniestralidad laboral, ni las posibles y contundentes correlativas sanciones administrativas, ni la amenaza de las responsabilidades civiles y penales que podrían desencadenarse ante la falta de adopción de medidas preventivas.

Hace ya algún tiempo que escribí un post sobre la desintegración de la PRL y debo decir que lamentablemente poca evolución positiva he visto desde entonces, y a las pruebas me remito.

Dicho esto, y volviendo al eslogan de mis desvelos…

Si buscamos en el diccionario de la RAE el significado de solucionar encontramos la siguiente definición:

Hacer que un problema, una duda, una dificultad o algo que los entraña dejen de existir.

Realmente me cuesta entender cómo un servicio de prevención ajeno vende su producto erigiéndose como «solucionador» de lo que, según su propio planteamiento, sería un problema, una dificultad o una duda, todo ello, con la vocación última, entiendo, de eliminarlo de la lista de preocupaciones del empresario.

Conceptuar la prevención de esta manera creo que se aleja mucho de lo que en realidad supone en sí misma: una obligación empresarial básica que entronca nada menos que con los principios rectores enmarcados en el artículo 40.2 de nuestra Constitución y que se encaminan al establecimiento de un sistema normativo que vele por que el trabajo se desarrolle en condiciones seguras.

Insisto por ello en que el planteamiento del eslogan, bajo mi punto de vista, no puede estar más errado.

Si tú vendes al pequeño y mediano empresario que comprando tu producto le resuelves el problema… ¿Dónde queda la responsabilidad empresarial de integrar la prevención en la empresa?.

¿Qué tipo de mensaje estamos lanzando a la PYME que, como sabemos, conforma mayormente el tejido empresarial de este país?.

¿Es que acaso no somos conscientes de que, salvo honrosas excepciones, nos enfrentamos a un entorno en el que es muy frecuente que los planes de prevención, paridos en su día, estén desde entonces criando polvo en los cajones de las mesas de muchos gerentes de empresa?. Gerentes que, por otro lado, duermen felices cada noche pensando ilusamente que «tienen la prevención solucionada» gracias a la caterva de documentos que en su día compraron y que les salvaguardarán ante cualquier contingencia sobrevenida.

Basta echar un vistazo rápido al artículo 14 de la LPRL y al Capítulo III del Reglamento de los servicios de prevención para entender cuál es la delimitación de responsabilidades en materia preventiva y poder distinguir qué obligaciones se atribuyen a un servicio de prevención y cuáles al empresario, quien es, a la postre, acreedor de la mayor responsabilidad en esta materia, toda vez que ostenta el poder de dirección, la potestad de organizar el trabajo y la titularidad del centro donde la actividad se desarrolla.


Así las cosas, un servicio de prevención hará lo que le toca hacer, dar asesoramiento técnico al empresario para que éste logré una exitosa implantación de la PRL en su proceso productivo acercándose al objetivo de que la cultura preventiva esté presente en todos los estratos de la Organización. Pero, por favor, ¡no confundamos los términos! , el empresario es quien debe «solucionarse su propia prevención» garantizando el cumplimiento de las obligaciones preventivas y dotando los medios y controles requeridos a tales fines.

No pretendo en modo alguno juzgar la calidad del trabajo de este Servicio de prevención ajeno, que seguramente será excelente. Pero, hablando como técnico en PRL y únicamente a título de expresar un sentimiento corporativo en nombre de la profesión yo les sugeriría que valorasen la posibilidad de hacer un cambio de eslogan, evitando con ello seguir alimentando algunos de los principales problemas que bandeamos los que hemos trabajado la PRL en la pequeña y mediana empresa: la falta de integración de la cultura preventiva, y la falta de sensibilidad empresarial hacia ella.

¿Qué tal sonaría… Te ayudamos con la prevención?

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

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