BOHEMIAN TEAM

Imagen por cortesía de Aitoff/Pixabay

¡Cuánto tiempo sin escribir un post!…

Pero cuando te sumerges en una historia como la que la película Bohemian Rhapsody nos narra, es complicado no dejarte llevar por la ganas de analizar, comentar, compartir y, entonces, no puedes evitar pensar:

¡Qué buena ocasión para dedicarle un post!

Hay muchos elementos a destacar en esta película, pero al verla desde el análisis de conductas y vincularla a la gestión de personas, para mi, por encima del ensalzamiento de las habilidades de liderazgo de Freddie Mercury, y de su propio proceso de autoafirmación, destaca aún más el extraordinario ejemplo que esta historia nos brinda para ilustrar las claves del éxito y las dificultades que la gestión de equipos entraña.

Así es, en mi opinión, esta película no deja de ser un viaje por las diferentes fases que experimenta un equipo de trabajo, desde su primera fase de integración, pasando por la búsqueda de identidad, la euforia, la tormenta, y el afrontamiento de problemas, como pasos necesarios para alcanzar la madurez.

El nacimiento de un equipo de alto rendimiento y la búsqueda de la identidad colectiva

Dientes prominentes y fisonomía exótica, estilo peculiar y una fuerza y color vocal extraordinarios. Entorno familiar muy tradicional y poco proclive a fomentar el desarrollo de su talento. Farrokh no tenía fácil alcanzar su meta, pero fue capaz de hacer de sus puntos débiles sus mayores fortalezas al exhibirlos y ponerlos por bandera. Al fin y al cabo, no todo el mundo tiene cuatro incisivos de más y la resonancia que esta condición le da a la voz.

Y es entonces cuando el destino propicia que, el estar en el lugar apropiado en el momento justo, provoque que el equipo se constituya. El camino comienza, y el recién llegado toma las riendas, ya de entrada rompiendo las reglas, reinventando al son de pandereta las letras y huyendo del convencionalismo de tener necesariamente que aprendérselas.

El equipo se va cohesionando. Si hay algo que cabe destacar de este equipo es que cada uno mantiene su propia identidad y la encaja con la del resto de sus compañeros, obteniendo un resultado igual de armónico que sus efectos corales y que no es equivalente a la suma de los factores, sino que es multiplicador de los mismos.

¿O no es cierto que todo el mundo piensa en ellos como Queen y no como Mercury y sus músicos?.

El éxito de este equipo, y a la vez el milagro, consiste en lograr una identidad común única, con un ADN propio. Ellos en su diálogos se refieren constantemente a Queen como una identidad distinta a la de todos ellos, le confieren vida propia. Y esta identidad propia se logra cohesionando a miembros del equipo absolutamente dispares sin que por ello ninguno pierda su esencia por el camino. Pensemos si no en un Mercury que es pura transgresión con sus mallas de ballet, sus movimientos inspirados en Liza Minnelli, y su micrófono bastón, y pongámoslo al lado del genio anodino de Deacon, la inteligencia científica de May y la fuerza tribal del baqueteo de Taylor como asombroso contrapunto a sus agudos falsetes.

Imagen por cortesía de Dennis Jarvis

Esa magia se logra por la confluencia de manera transversal y constante durante el proceso de dos factores adicionales: el respeto al espacio individual, y el coraje de arriesgar y de atreverse a romper las reglas.

No hay roles preestablecidos, todos componen, todos aportan, todos paren canciones. Todos comparten el éxito y tienen su minuto de gloria garantizado. ¿Tienen clara su identidad como equipo?, pues claramente sí pese a que a veces haya opiniones contrapuestas. Son una familia. El disenso no supone un problema, porque el grupo ya se autoregula y tiene prevista una norma para administrar esas situaciones: si no hay consenso, el padre/compositor de la canción es quien tiene la última palabra.

Pero lo más importante, lo que les hace diferentes, es que se atreven a experimentar, son capaces de pensar de manera innovadora, sin dejarse llevar por los cánones preestablecidos, y de ponerle alma y pasión a lo que hacen, aparte de una gran dosis de trabajo y diversión.

Las fórmulas son aburridas. ¿Por qué no puede existir un disco de rock operístico, una canción-mosaico articulada en seis tiempos, una mezcla de lenguajes?. Lo de menos es que Bohemian Rhapsody no tuviera un argumento claro, o una letra conexa y con significado. Lo de menos es que para la crítica fuera un batiburrillo operístico terrible y para las emisoras de radio algo impensable de radiar por exceder los cánones de tiempos establecidos. ¿Desde cuándo una obra maestra ha de regirse por los paradigmas tradicionales?

Lo verdaderamente importante, es que el público adoró el resultado, al fin y al cabo, el equipo tenía su claro que su objetivo estaba marcado en el público, y no en los medios para llegar a él.

El objetivo de este equipo era darle al público la oportunidad de conectar, de sentirse parte del equipo y de compartir el proyecto. ¿Qué sentido tendría si no el pataleo y palmadas de We will rock you, cuyo ritmo al oírlo nos arrastra, o el diálogo de Mercury con su público a través de los ecos de sus míticos Eeeeooooo?

La tormenta y la madurez

Y entonces… estalla la crisis. ¿Cuál es la causa?. Probablemente no exista una única respuesta a esta pregunta, si bien, es cierto que las armonías en un equipo suelen romperse cuando el éxito no se digiere bien, la misión se desdibuja y el objetivo común pierde fuerza en pos de los individualismos.

Los egos descontrolados no son buenos compañeros de viaje en estos procesos y en muchas ocasiones son los causante de hacernos infravalorar el efecto multiplicador que tiene la conexión de los factores para hacer que nos focalicemos no tanto en las sumas como en las restas. Y entonces, empezamos a medir y comparar los esfuerzos tratando de detectar quién tiene mayor implicación en la cuota de éxito alcanzada, pasando a concebir al resto como un lastre o un freno para el propio desarrollo más que como a un aliado.

También en ocasiones una identidad colectiva tan poderosa puede provocar un efecto de asfixia que detona la necesidad de autodeterminación individual. O, simplemente, a veces, uno tiene que perderse y distanciarse del resto para encontrarse a si mismo. No olvidemos que en ocasiones, para valorar lo que tienes, previamente has de haberlo perdido del todo.

Y tras este punto de inflexión y ruptura se produce el reencuentro con la fase de madurez. Pese a las dudas e inseguridades propias de las tensiones, todos ellos las superan con la certeza de estar en el lugar donde uno debe estar. Y con la lección aprendida de que la diferencia de opinión no es un elemento de discordia, sino una oportunidad de crecimiento.

The show must go on…

Licencia de Creative Commons

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

Esta entrada fue publicada en GESTIÓN DE RRHH, OTROS y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a BOHEMIAN TEAM

  1. Alberto Fernández dijo:

    Eva, me ha alegrado mucho volver a leerte. Muchas gracias por hacernos partícipes de tus reflexiones.
    Alberto Fernández

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Muchas gracias Alberto. Cuesta un poco romper la inercia cuando llevas tiempo sin escribir, pero la historia es tan buena que este es uno de esos posts que se escriben solos. Mil gracias por leer y sobre todo por tener la amabilidad de comentar.

  2. Luisa Mendez dijo:

    La mente de Eva está siempre atenta a ver algo más allá de la superficie. Gracias Eva, por dedicar tiempo a escribir y compartirlo.

Responder a Alberto Fernández Cancelar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.