PERDONA POR NO PODER AGREGARTE A MI RED… DE 30.000 CONTACTOS

 

Imagen: Pixabay (Public Domain)

 

Este fue el planteamiento que hace unos días me encontré navegando por Linkedin:

Un directivo de RRHH de una gran empresa presentaba públicamente sus disculpas a las más de cien personas que habían solicitado incorporarse a su red y a cuyas invitaciones él no podía responder afirmativamente habida cuenta de una limitación, para mi hasta entonces desconocida, que Linkedin aplica y que está cifrada en un máximo de 30.000 contactos por perfil.

Alabo el gesto y la deferencia de esta persona al disculparse, pero, dicho esto, no puedo dejar de sorprenderme ante su planteamiento. ¿Alguien cree que de verdad se puede mantener una interacción viva y regular con  30.000 contactos?.

Personalmente, dudo mucho que alguien tenga el “superpoder” necesario para llevar a cabo tal gesta, por eso, no puedo evitar preguntarme si realmente supone un problema tan grave que Linkedin asigne esa cuota máxima de contactos.

Pero aún más asombrosas, para mi, fueron las posteriores reacciones que se fueron sucediendo a esta publicación. Y es que, en lugar de formular abiertamente una pregunta tan, desde mi punto de vista lógica, como la que yo acabo de plantear, todo el mundo obvió este asunto para, en su lugar, volcarse en alabar los atractivos profesionales del damnificado directivo que había hecho público su pesar, poniendo como prueba irrefutable de su valía el hecho de que éste había reventado el ranking que Linkedin considera que constituye un volumen de contactos razonable.

Y a partir de ahí, todas las intervenciones versaron sobre la aportación de atajos y circunloquios técnicos para ayudar a este profesional a sortear esta barrera y resolver el problema. 

Es cierto que el perfil de este profesional era excepcional pero, a pesar de ello, a mi me resultó muy chocante la identidad, que los que allí expresaban opinión esgrimieron, entre la valía profesional y el hecho de que el volumen de contactos de esta persona hubiese alcanzado cotas que rebasaban los umbrales previstos… para entendernos, venía a ser algo similar al 10 de Nadia Comanecci para el que el marcador no estaba preparado en 1976.

¿Tanto tienes tanto vales?

¿Buscas networking o buscas público?

 

Esta fue la primera reflexión que se me vino a la cabeza. Viendo este tipo de reacciones, desde mi punto de vista algunas rozando el surrealismo, tengo que concluir que, lamentablemente, muchas veces Linkedin no se utiliza como herramienta de networking sino como una herramienta para mayor gloria del ego, a veces propio y a veces ajeno.

Es cierto que el uso de las redes profesionales puede obedecer a diferentes enfoques, no lo censuro en absoluto, pero yo creo firmemente que el mayor valor que Linkedin puede aportar, aparte de conformarse como un importante repositorio de información y conocimiento, pivota sobre la interacción.

En este debate del que hablo, al exponer mi postura sobre la inviabilidad de mantener interacción con 30.000 contactos alguien replicó diciéndome, y cito textualmente: “Tu y tus negocios llegaréis tan lejos como lleguen tus relaciones”.

Personalmente compro totalmente la idea, y la suscribo a cien por cien. De hecho, a estas alturas de la vida, creo que no necesito convencimiento sobre las bondades del networking pero, dicho esto, creo que tener a una persona incorporada a tu red de contactos en Linkedin no es sinónimo de tener relación con ella, y ahí para mí reside el quid de la cuestión.

Me resultaría preocupante que el uso de las redes sociales profesionales se sustente sobre ideas tales como la equiparación automática entre lo que significa tener un contacto en tu agenda y la existencia de una relación profesional con ese contacto basada en la interacción. El tener el contacto en tu agenda es un primer paso, pero el networking se construye interactuando y a base de trabajo mutuo.

Por eso,  cuando tienes un perfil profesional y aceptas una invitación, opino que debes hacerlo desde el convencimiento de estar dando un primer paso para construir un vínculo con esa persona, sin querer por ello decir que necesariamente tengas que ser una especie de mentor para esa persona o que debas situarte en una posición de superioridad respecto a ella únicamente por el hecho de que ésta haya dirigido su petición a ti.

En línea con lo indicado, creo que antes de aceptar una petición de contacto todos deberíamos hacer un ejercicio de honestidad consistente en analizar el perfil del remitente,  evaluando si ese perfil puede aportarnos valor y paralelamente si nosotros podemos también aportárselo y, en caso de que así sea, ponderar si estaremos dispuestos a hacer efectiva esa aportación.

Imagen: Pixabay (Public Domain)

Llevo ya un tiempo diciendo que la herramienta de gestión de invitaciones de Linkedin adolece de una importante carencia.

Pienso que mucho más importante que identificar si quien te remite una invitación es compañero de estudios, de negocios, o amigo, es identificar por qué el remitente quiere incorporarse a tu red. Este aspecto, para mi determinante, se podría resolver si en la gestión de invitaciones Linkedin eliminase la calificación de amigo, que personalmente aborrezco, y permitiese remitir invitaciones a desconocidos pero obligando, en todo caso, y sea cual sea la categorización de tu invitación, a cumplimentar un campo de texto libre en el que indicar por qué te interesa incorporar al destinatario a tu red de contactos.

De esta manera, obtendríamos una valiosa información sobre la imagen que proyectamos y sobre nuestra marca personal, pero también, obtendríamos una información tanto o más importante: cuál es la expectativa que alimentamos en esa persona al incorporarla a nuestra red.

En otras palabras, creo que se impone hacer un ejercicio de responsabilidad con quien te está pidiendo que le incorpores a tu red, y que para ello es fundamental que esa persona te traslade una información sobre cuáles son sus expectativas respecto a ti y qué valor considera que puedes aportarle a su vida profesional. No se trata en absoluto de autoalimentar egos sino de ser responsable con la gestión de las expectativas de quien llama a tu puerta.

Este mecanismo debería funcionar exactamente igual en sentido contrario, me refiero a cuando eres tu quien solicita establecer contacto y, para demostrarlo, me referiré a una película, llamada El Pacificador que contiene una frase que ilustra muy bien lo que quiero decir.

En el Pacificador, Nicole Kidman interpreta a una funcionaria del gobierno norteamericano que junto a un coronel, interpretado por George Clooney, debe investigar el robo de diez cabezas nucleares. Durante la trama, hay un momento en el que ella le dice a él: “No me da miedo el hombre que quiere diez cabezas nucleares, me aterroriza el hombre que sólo quiere una”

Pues, a mi modo de ver, con la gestión de contactos en Linkedin ocurre algo parecido, por eso, finalizo este post haciendo mía esa frase y reinterpretándola para afirmar que yo…

“No quiero estar en la red de un perfil que tiene treinta mil contactos, prefiero estar en la red de quien tiene menos de quinientos”

 

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

 

 

 

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4 respuestas a PERDONA POR NO PODER AGREGARTE A MI RED… DE 30.000 CONTACTOS

  1. Israel Rubio dijo:

    Muy de acuerdo contigo Eva, al final este tipo de casos, los “recolectores” de contactos, basan su estrategia en la máxima de a más mejor, en lugar de cuidar que su red de contactos sea de calidad.

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Muchas gracias Israel, yo creo que para que una relación de sus frutos hay que cuidarla. El networking lleva implícito el término “working” pero parece que nos cuesta asimilarlo y nos quedamos solo con el “net” pensando que una sólida red de contactos es algo que cae del cielo y sin necesidad de trabajársela. Un saludo y de nuevo gracias por comentar.

  2. Ramon Vidal dijo:

    Buenas tardes Eva,
    Muy de acuerdo con la ultima frase de tu artículo.
    En LinkedIn especialmente, si no interactuamos, sea en mayor o menor medida, es como sacar las tarjetas de visita de negocios de un cajón, después de más de una década de trayectoria profesional y ponerlas en orden.
    Otro asunto es el título de tu post y un comentario que te hicieron “tú y tus negocios llegareis tan lejos como lleguen tus relaciones”
    A lo primero, independientemente del perfil y la valía del profesional de RH, a mi entender es decir a gritos “no me molesten” sin él por favor. O esta persona buscaba “ruido en la red”, es otra forma de verlo.
    Con respecto al comentario de los negocios, lo encuentro válido si como comentas en el artículo, le aportas valor a ese ‘potencial’ cliente. Para que eso suceda, el contacto en LinkedIn hay que saber administrarlo comercialmente con llamémosle, maestría y en unas cuantas fases para poder construir esas sólidas relaciones. De lo contrario no le auguro al profesional de la venta, demasiado éxito.
    En este ecosistema de las RRSS en el que estamos inmersos, pienso que debemos obrar simplemente con sentido común y no dejarnos llevar por la vorágine del que no tiene cuenta en todas ellas, es que está obsoleto.
    Qué sucede con el P2P? Al parecer es algo desfasado.
    Personalmente pienso que no, y una de las formas de hacerlo en las redes es compartiendo y aportando valor al contacto.
    En conclusión, manejemos esta valiosisima herramienta que es LinkedIn para mejorar nuestra economía productiva y conversar entre personas sin barreras geográficas.
    Gracias por compartir tu artículo
    Un saludo del que lo RT ayer sin comentarios.

    Ramon

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Hola Ramón. Muchas gracias por comentar. Estoy de acuerdo con todo lo que apuntas. Yo no puedo evitar pensar que los términos muchas veces se confunden y que hay quien entiende la presencia en redes como una especie de automarketing en lugar de como un foro de intercambio de conocimiento conjunto. A partir de ahí ya podemos imaginar lo que sigue. Pero insisto en que lo preocupante para mi es la neurosis colectiva que se genera, y la asunción de que estar en una agenda es ser un contacto (en el sentido vivo y dinámico del término). Un placer tenerte de visita por el blog. Mil gracias.

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