DESINTEGRANDO LA PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

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Hace unos meses nuestra ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales cumplía 21 años de vida. Estamos ante una norma que fue revolucionaria en su génesis y que debiera tener un enorme calado en la vida de las empresas.

La ley 31/1995 nace con el objetivo de transponer al ordenamiento jurídico español el contenido de la Directiva Comunitaria 89/391 y, tal y como  su propio preámbulo indica, busca la definición del cuerpo básico de garantías y responsabilidades necesario para establecer un adecuado nivel de protección de la salud de los trabajadores frente a los riesgos derivados de las condiciones de trabajo, enmarcado en la implantación de una política coherente, coordinada y eficaz de prevención de los riesgos laborales.

Creo que todos estaremos de acuerdo en que la vocación no puede ser mejor. Ahora bien, aunque los avances que en materia de prevención de riesgos laborales se han producido durante los 21 años de vida de esta ley son notables, creo que el día a día nos demuestra que aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar la verdadera integración eficaz de la cultura preventiva en la empresa.

La filosofía de la normativa en esta materia es clara. Soy consciente de estarlo simplificando mucho pero, básicamente, al empresario se le atribuye: la responsabilidad de evaluar los riesgos de su actividad, de evitarlos en su origen mediante la implantación de medidas preventivas, de controlar periódicamente las condiciones de trabajo, de investigar los accidentes, de informar a sus trabajadores sobre los riesgos, de formarles en materia preventiva, de dotarles de medios de protección eficaces y de poner a su disposición los medios oportunos para la vigilancia de su salud.

Parece lógico que, de cara a garantizar una efectiva implantación de los principios enunciados, la propia norma contenga un régimen sancionador y de atribución de responsabilidad, que aplicar en caso de incumplimiento de las obligaciones que de la propia normativa dimanan.

De ahí parte, tanto la existencia de un cuantioso régimen sancionador en el orden social como la atribución de responsabilidades de ámbito penal.

Sin embargo, opino que esta contundencia en el régimen sancionador ha tenido ciertos efectos colaterales perversos, que a continuación expondré, y que, de alguna manera, han terminado por provocar que, en lugar de que se produzca una efectiva integración de la cultura preventiva en la empresa, lo que se ha producido es una desintegración de la prevención.

Desintegrando la PRL

¿A qué me refiero cuando afirmo que la prevención de riesgos va camino de desintegrarse?. Pues me refiero a que, como otras tantas veces sucede, tengo la sensación de que en materia preventiva, lamentablemente, el medio ha pasado a ser un fin en si mismo.

La contundencia de las sanciones nos ha abocado a un escenario en el cual, en no pocas ocasiones, en el mundo de la empresa, el objetivo prioritario de velar eficazmente por la seguridad y salud de los trabajadores y de vigilar sus condiciones de trabajo decae, haciendo que la prioridad se desplace hacia el establecimiento de un sistema de gestión documental de la prevención de riesgos que «cubra las espaldas» tanto a los técnicos, ya sean del servicio de prevención propio o ajeno, como al propio empresario.

Por eso, opino que a veces la gestión de la prevención está perdiendo su esencia, en pos de la prioridad otorgada a la necesidad de contar con sistemas de gestión documental de dimensiones faraónicas y diseñados para situarnos en un escenario de seguridad jurídica de cara a una eventual inspección o demanda.

A resultas de esta realidad la disponibilidad de tiempo que un técnico de PRL tiene para invertirlo en el ejercicio activo y eficaz de sus funciones, se ve mermada ante la ingente cantidad de documentación que éste debe generar, mantener, y alimentar en sus sistemas de gestión documental: memorias, planificaciones, registros de formación, de entrega de equipos de protección individual, inventarios de medios y herramientas de trabajo, procedimientos de seguridad, entrega de las fichas informativas sobre los riesgos y medidas de emergencia, certificados de aptitud de los reconocimientos médicos, auditorias, actas, registros de mediciones higiénicas … y capítulo aparte merecen las obligaciones inherentes a la coordinación de actividades empresariales aparejada a la subcontratación de un servicio o a la necesidad de acceso de un trabajador de nuestra empresa a las instalaciones de un cliente. Todos sabemos además que los tiempos hoy en día no acompañan para justificar la inversión que supone reforzar el equipo humano de un servicio de prevención propio.

Imagen por cortesía de Stuart Miles/FreeDigitalPhotos.net

La situación no mejora si hablamos de gestionar la PRL a través de un servicio de prevención ajeno ya que, aunque quepan excepciones, en esos casos lo que suele suceder es que el plan de prevención se conforma como un conjunto de procedimientos abigarrados,  en no pocas ocasiones estandarizados, que el servicio de prevención redacta en modo exhaustivo, no pensando en tanto en su efectividad como en evitar incurrir en responsabilidades. El empresario, desconocedor de la materia, normalmente suscribe ese plan de prevensión siendo inconsciente e ignorante de la caterva de obligaciones que dicho plan despliega.

En empresas de reducida dimensión, el problema se agrava, siendo muy frecuente que esos procedimientos terminen encerrados en un armario esperando ser exhibidos en caso de inspección, con la falsa creencia por parte del empresario de que el mero hecho de tenerlos firmados y de tener un servicio de prevención ajeno contratado ya le sitúa en un escenario de seguridad jurídica.

Estamos por tanto ante un complejo marco normativo que persigue un objetivo loable, necesario y ambicioso y que castiga con contundencia al incumplidor, provocando con ello,  desde mi personal punto de vista un daño colateral: una inversión de las prioridades, de tal manera que el objetivo que se persigue por los empresarios, y que a veces arrastra contra su voluntad a los servicios de prevención, no se alinea tanto con la implantación de la cultura preventiva en la empresa como con el «prevenir ser sancionados».

Como muestra de lo frecuente que resulta que esta burocratización fagocite la cultura preventiva, me gustaría poner un ejemplo que a mi personalmente, como técnico en prevención de riesgos, me desagrada cada vez que me ocurre. Y es que es desgraciadamente frecuente que en el contexto de una coordinación de actividades empresariales el servicio de prevención con el que estamos coordinando actividad no nos solicite «el apto del trabajador» en el reconocimiento médico sino que en su lugar directamente nos pida que aportemos «la renuncia» del trabajador a dicho reconocimiento, asumiéndose con naturalidad que la renuncia es la norma general, en lugar de la excepción, y que esta realidad reviste menor importancia que el hecho de recabar el oportuno documento.

Por otra parte, si hablamos del ámbito de los Comités de Seguridad y Salud, pienso que también encontramos efectos colaterales no deseados derivados de la complejidad normativa en materia de PRL y del régimen sancionador que su incumplimiento acarrea. Así, no resulta extraño que en ocasiones, las tensiones y controversias que se originan entre empresario y RLT ligadas al devenir de las relaciones laborales trasladen su campo de batalla a los Comités de Seguridad y Salud, utilizándose la sensibilidad de estos foros para hacer reivindicaciones ajenas al mundo de la PRL, o la velada referencia a girar denuncias a la Inspección de trabajo sobre incumplimientos en PRL como medida de presión a estos mismos fines.

¿Perspectivas de cambio?

En estos días se debate sobre la necesidad de propiciar un cambio normativo que impulse la integración efectiva en la empresa de la cultura preventiva, pivotando las propuestas de reforma sobre el fortalecimiento de la organización de la prevención en la empresa a través de los servicios de prevención propios en detrimento de los ajenos.

A priori, no me parece descabellado que una modificación en este sentido pueda contribuir a una mayor implicación empresarial en la PRL, con independencia de que algunas disciplinas como la vigilancia de la salud deberán generalmente mantenerse bajo la cobertura de un servicio de prevención ajeno. A su vez, opino que determinadas actividades técnicas, tales como las evaluaciones de riesgos psicosociales, en aras de su efectividad también preferiblemente deberían prestarse a través de un servicio de prevención ajeno.

Pero dicho esto, creo que una adaptación normativa en este sentido, por si sola, no va a obrar el milagro si no se acompaña de un cambio de mentalidad empresarial.

Es imprescindible que el empresario ponga el foco en la gestión preventiva, pero no concibiéndola de un modo reactivo, o defensivo, en evitación de sanciones, sino valorándola como una inversión que favorece no solo a su plantilla sino también a su marca de empleador.

Aparte, creo que se impone la necesidad de que el legislador haga un esfuerzo por encontrar soluciones que imponga racionalidad en la trazabilidad documental inherente a la gestión preventiva en la empresa.

Pienso que un giro en este sentido, aunque no es sencillo de instrumentar, contribuiría a que los técnicos de prevención pudiéramos canalizar mayores esfuerzos para conseguir el objetivo final de integrar la cultura preventiva en la empresa.

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

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11 respuestas a DESINTEGRANDO LA PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

  1. jegarch dijo:

    Buenos días.
    Hola Eva me ha encantado el post. Que difícil es avanzar en este tema en las empresas, en mi reciente aventura en asesoría laboral desde hace 2 años, estamos «intentando» con mi humilde experiencia, que la pyme adopte esa integración, supere lo que comentas del armario y la documentación, si bien todavía hoy tras 21 años la ley se ve como una carga, legal y documental. Hay un montón de dinero que no se usa del bonus, campañas europeas fáciles de hacer y que a la empresa le pueden aportar marca y RSC, pero en mi experiencia en RRHH sólo una vez lo pude conseguir. Hay un montón de cosas al alcance que no se hacen, de momento desde nuestra profesión y nuestros blogs sigamos insistiendo que cuando llueve algo queda,.
    Jesús Mari

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Gracias Jesús. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a escribir sobre este tema, y la propuesta de adaptación de la norma que está ahora mismo escuchándose me ha dado pie a ello. Conozco excelentes técnicos tanto en servicios de prevención propios como ajenos, y posiblemente imponer la organización a través de servicios propios nos obligue a que el empresario coja el toro por los cuernos y se implique más, pero si esto no se acompaña de un adelgazamiento de la burocracia o de una regulación de los dimensionamientos que debe tener un servicio de prevención propio (huyendo del actual concepto jurídico indeterminado de «los medios que sean suficientes») estaremos en las mismas. Veo justificadísima la contundencia de las sanciones y responsabilidades, pero creo que paradójicamente esto contribuye a que perdamos el rumbo y nos desviemos del objetivo. Mil gracias por opinar y difundir. Un abrazo.

  2. Enrique Manuel Román Tovar dijo:

    Eva, desde mi experiencia en la Salud Laboral, 41 años, nada más y nada menos, he visto, he escuchado y he tocado el mundo de la Prevención desde el año 1975. ¿Que puedo decir? De lo vivido me quedo con lo real, con lo objetivo, con lo global. Las estadísticas son las voces que delatan lo mediocre. Lo real es que los datos dicen que los accidentes aumentan, y además te dicen el diagnóstico; desde los fallecidos hasta los leves. Si se sabe el origen hay que actuar, y… Me acuerdo que el día 28 de Abril, día muy conocido, en el año 2004, organicé una Jornada relativa a los Riesgos Emergentes que existían en aquellas fechas (y siguen existiendo). Entre estos riesgos estaban los Riesgos Psicosociales. Estamos en el año 2017. Se ha pasado del Riesgo Psicosocial al Accidente Psicosocial (es una muestra). Lo triste de esto es que hay muchos actores del mundo de la Salud Laboral (muchos de ellos mercantiles) y siguen pasando las desdichas en muchas familias por un accidente del trabajo. Mientras se cumplimentan formularios, informes, se sellan «para que todo esté en regla», siguen muriendo o incapacitandose gente. Hay mucho satélite alrededor del mundo laboral, y eso hace que se atomice o se desintegre la PRL.

    Es un asunto que no es baladí, por eso se necesita un amplio debate (Por personas que crean en la Prevención y no vean en ella solamente un producto crematístico).

    Gracias por el Post, hace tiempo que pienso que la PRL ya no es PRL. Un abrazo,

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Hola Manuel. Un lujazo para mi recibir tu comentario. Estoy de acuerdo con todo lo que dices, y en este sentido como bien has podido comprobar se orienta el post.
      Creo que el avance es muy lento, y me ha encantado lo que comentas sobre riesgos psicosociales porque cuando hice el master de PRL era una de mis cruzadas particulares. Muchas veces los técnicos de PRL somos nuestros peores enemigos, no te imaginas las batallas dialécticas que libré frente a compañeros de master que solo entendían como PRL la que se hace «en la obra». Hay otras tres disciplinas preventivas además de la seguridad, pero siempre la psicosociología es la hermana pobre por lo que se ve. Va a ser cuestión de reinventar algo porque el modelo de asegurar el cumplimiento por temor a las sanciones está visto que no funciona. No pensemos que abogando por servicios de prevención propios vamos a resolverlo todo.Mil gracias Manuel por pasarte por el blog y dejarnos tu visión del tema.

  3. Aflabor dijo:

    Hola Eva.
    Esta entrada es excelente. Quería decírtelo antes de comentar de forma más sosegada porque el debate útil da para mucho.
    Un saludo

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Gracias Antonio. Otro día escribiré sobre las grandes incoherencias que a mi juicio tiene la ley de PRL, pero eso para más adelante… Espero ansiosa ese debate, seguro que aportará puntos de vista interesantes. Un abrazo.

      • Aflabor dijo:

        Bueno, desde luego si al empresario no le amenazas con sanciones no toma medidas relacionadas con la PRL. Es lo que vamos viendo en las pymes. Que eso haya derivado en la montaña de gestión documental es una consecuencia inevitable. En cualquier caso, ya es una excusa para que el técnico pueda ir concienciando poco a poco sobre la materia.
        La PRL es algo muy serio. Conocemos casos de profesores que tropiezan con un cable de su despacho y llevan x meses de baja ¡meses! Y trabajadores que por un pequeño error por poco se matan o se han matado o quedado en condición incompatible con un empleo adecuado a sus competencias. Y hoy en día si no puedes trabajar te abocas a situaciones que rayan la exclusión social.
        Tema CSS: conozco casos donde si no se sacan temas de riesgos psicosociales en el CSS la empresa se cachondea de ellos. Mendrugos que dicen que eso «no existe» hasta que le viene la Inspección de Trabajo, la Comisión Paritaria, etc. El trato con los representantes de los trabajadores siempre tiene ese riesgo que has comentado.
        Un saludo y espero el siguiente post sobre el tema.

  4. Rosario Paredes Quesada dijo:

    Me ha encantado tu artículo. Sincero y real. Sigue as

  5. Pingback: ¡¡TE SOLUCIONAMOS LA PREVENCIÓN!! | Foro Laboral

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