GESTIONAR LAS RRLL: HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA

 

Quienes habitualmente me leen saben cuánto me gusta recurrir a los extractos de películas, a las letras de canciones y a recursos cotidianos para ponerlos en relación con el ámbito profesional.

En esta escena de Apolo 13 asistimos como espectadores a una situación extrema, en la que los astronautas que están en la nave no cuentan con una autonomía de oxígeno suficiente como para garantizar su subsistencia durante el viaje de vuelta a la Tierra.

El equipo de ingenieros de la NASA se ve obligado a adoptar medidas urgentemente, así, reproducen todo el material que el equipo de astronautas tienen en la nave y se encierran en una sala haciendo un brainstorming para ver cómo se las ingenian para resolver un problema técnico consistente en que un filtro redondo encaje en una pieza cuadrada, todo ello a fin de poder garantizar la suficiencia del suministro de oxígeno en la nave.

No se qué opinarán de esto mis compañeros de función, pero cuando pienso en qué consiste en los tiempos que vivimos el día a día de los que gestionamos las RRLL en el ámbito de empresa no puedo evitar sentirme parte de ese equipo de ingenieros.

Vivimos en un entorno social y económico complejo para el desarrollo de nuestra función, son tiempos de tensión, de ajustar costes a la baja, de reivindicaciones, y todo ello enmarcado en una coyuntura de mercado donde la competitividad es cada vez más feroz, y dónde o te adaptas y luchas o directamente el mercado te expulsa.

Tenemos por tanto una necesidad de dar respuesta a las demandas que desde el negocio nos llegan, estas demandas normalmente vienen cifradas en términos de flexibilidad laboral. Queremos tener, porque lo necesitamos: movilidad de recursos, dimensionamientos adecuados de los equipos de trabajo, que la variable espacio/tiempo, en lo que a la prestación del trabajo se refiere, sea perfectamente maleable para adaptarla al ciclo productivo…

Ese clamor es nuestro particular «filtro circular» por el que debe fluir el oxígeno que nuestros procesos necesitan para dar continuidad al negocio y obtener beneficios Al fin y al cabo,  una cuenta de resultados positiva y creciente es la vocación y el objetivo que todo proyecto empresarial aspira alcanzar.

Pero, por otra parte, nos encontramos con la rigidez de los cuatro vértices de «nuestro cuadrado», y es que ese mandato que recibimos debemos llevarlo a cabo administrando  unas reglas del juego que no son precisamente ni flexibles ni estables.

Cuando hablo de reglas del juego, me refiero a la normativa laboral, la jurisprudencia, la doctrina, las campañas de la Inspección de trabajo… y también a las últimas resoluciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que parecen dispuestas a recordarnos lo que ya Heráclito de Éfeso hace unos cuantos siglos nos anunciaba: «Todo cambia, nada es».

Imagen por cortesía de: Ponsulak/FreeDigitalPhotos.net

Del patrón oro al patrón dólar

 

Lo cierto es que, por unas cosas o por otras, en estos momentos medio mundo demanda flexibilidad al otro medio.

Y cuando hago esta afirmación no me refiero solo a la flexibilidad de recursos necesaria para optimizar el proceso productivo en el sentido que más arriba indicaba, sino también a la flexibilidad que desde un punto de vista de la cobertura de necesidades sociales se viene reiteradamente demandando.

El legislador no es ajeno a esta realidad. Aunque la respuesta viene siendo bastante poco ágil,  lo cierto es que no debemos obviar algunos avances, tales como la irrupción en la norma, y en la vida de las empresas, de conceptos de relativamente reciente cuño, tales como la igualdad y la conciliación de la vida personal y profesional, o la evolución normativa para dar cobertura a las necesidades de adaptación de jornadas de trabajo, tendentes a facilitar su compatibilidad con el cuidado de menores o de mayores a cargo del trabajador. 

Parece generalmente aceptado que las nuevas tecnologías son buenas aliadas de cara a introducir elementos de flexibilidad en el ámbito laboral, elementos interesantes para alcanzar un win-win para ambas partes. Sería por tanto, en determinados sectores de actividad y tipologías de puestos de trabajo, perfectamente viable deslocalizar la prestación del servicio de los centros de trabajo, posibilitando que se trabaje desde el domicilio, o desde cualquier otro lugar.

Si cambiamos el paradigma de medir el trabajo desde un eje ligado al control empresarial del espacio/tiempo de trabajo, y propiciamos las palancas del cambio de escenario necesarias para que el control de la actividad laboral pivote sobre el concepto de productividad, previa fijación de objetivos individuales tangibles, medibles, y ambiciosos pero alcanzables, parece que iríamos por el buen camino.

Recuerdo de mis tiempos en la Universidad la relevancia económica de los acuerdos de Bretton Woods, de los cuales surgieron el abandono del patrón oro y la adopción del patrón dólar para medir la riqueza y regular la emisión de moneda de un país, y no puedo evitar establecer un paralelismo entre ese hito y el cambio de paradigma laboral que acabo de exponer.

Y es que, si lo pensamos bien, el tiempo ha sido hasta la fecha el «patrón oro» de todo nuestro sistema de RRLL, la jornada de trabajo rige nuestras vidas laborales, el salario se cifra por unidad de tiempo y el absentismo que tiene un cierto protagonismo a efectos legales es mayoritariamente el que conlleva la ausencia del trabajador a su puesto de trabajo, porque el absentismo presencial, aunque existente, a efectos normativos viene a ser una especie de ecuación complicada de despejar, ya que su demostración en muchas ocasiones requiere adentrarse en terrenos pantanosos.

Pienso por ello que una necesidad de transición al patrón dólar viene imponiéndose desde hace ya unos cuantos años en nuestro sistema de relaciones laborales, pero para ello, es necesario que haya coherencia y una vocación de cambio de mentalidad, tanto por las patronales, como por las representaciones sindicales, de tal manera que estos vientos de cambio irradien al legislador. Y sin embargo, lejos de ver un horizonte claro, más bien creo que el escenario que hoy pisamos no hace presagiar que el futuro vaya a encaminarse por esta vía.

Así, las recientes campañas de la Inspección de Trabajo en materia de jornada, o el derecho a la desconexión que ha surgido en nuestro país vecino, y que vaticino que pronto importaremos, no parecen ser elementos que vayan a ponerse de nuestra parte a la hora de vencer la resistencia al cambio y abandonar el patrón tiempo para adoptar el patrón productividad .

Como en todo en la vida, caben interpretaciones, es cierto que las jornadas de trabajo no pueden extenderse sin límite, y es igualmente cierto que el trabajador necesita, por motivos de salud psicosocial, una desconexión efectiva de la actividad laboral y establecer fronteras entre ésta y su vida personal. Pero, por otra parte, también creo que la competitividad de nuestra economía viene condicionada en buena parte por nuestra normativa laboral.

Se trata por tanto de encontrar un equilibrio de fuerzas, y a tales fines, creo que merece la pena hacer un profundo brainstorming con los elementos de que disponemos delante de nosotros, para hacer convivir los intereses enfrentados y conseguir que un filtro circular encaje en un cuadrado.

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

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4 respuestas a GESTIONAR LAS RRLL: HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA

  1. Precisamente, ayer publiqué en Linkendin una entrada sobre la película que mencionas. Hice el montaje o edición de video basándome en el trabajo en equipo.

    «Hace tiempo edite este vídeo inspirándome en esta gran película.
    El equipo desarrolla el proyecto con un objetivo; el objetivo cambia. Logran entre todos llegar al éxito»

    https://drive.google.com/file/d/0B_DL6bcWG51sREkwT1FCeEg1R2c/view?usp=sharing&usp=embed_facebook

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Hola Enrique. Gracias por tu comentario. La película a mi me parece extraordinaria y contiene múltiples situaciones aplicables al ámbito laboral. He echado un vistazo rápido al enlace y me parece superinteresante el enfoque que le has dado por la descripción que indicas. Lo veré luego con más detenimiento, ¿publicaste algún artículo acompañando el vídeo? Si así fué me encantaría que me lo remitieses enlazado para leerlo también. Un saludo.

  2. Jesús Mari dijo:

    Gracias Eva por este artículo tan reflexivo, comparto lo que dices. En ciertos aspectos laborales, jornada, retribuciones,personas , flexibilidad y otros las necesidades de las dos partes empleadores y personas las cosas avanzan más rápido que las normas y esa adaptabilidad que hablas es necesario aunque una pieza sea redonda y otra cuadrada.Ahí residen nuestras alegrías y tristezas como gestores de rrlll .
    Un saludo Jesús Mari

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Correcto Jesús Mari. Como decía un señor mayor que trabajaba conmigo hace algunos años… Y aquí estamos ¡de lechuga del sandwich! Me encantaba el dicho y la verdad es que nos define muy bien, se nos exigen soluciones fkexibles y tenemos que hacerlas convivir con un entorno legal cada vez más rígido, pese a que la reforma laboral propugnaba la flexiseguridad. Muchas gracias por pasarte, comentar y compartir.

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