EL TRIBUNAL SUPREMO SE PRONUNCIA SOBRE LA CUÁL ES UNIDAD DE CÓMPUTO DE UMBRALES PARA EL DESPIDO COLECTIVO

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Últimamente los Tribunales parecen afanarse de una manera especial en recordarnos el poder vinculante de las Directivas Comunitarias y en cuestionar si la trasposición de las mismas en nuestro ordenamiento jurídico es o no plenamente acertada.

No nos hemos repuesto aún del impacto de la STJUE sobre la indemnización del contrato de interinidad, y de las elucubraciones sobre cómo este relevante giro afectará a nuestro sistema de relaciones laborales, cuando ahora el Tribunal Supremo sienta jurisprudencia sobre la unidad de cómputo para determinar el ámbito del despido colectivo.

Así, el 17 de octubre, en la STS848-2016 el Alto Tribunal se pronuncia sobre esta materia, recogiendo el planteamiento de algunas sentencias comunitarias, y lo hace en un sentido que evidencia la necesidad de dar una nueva redacción al artículo 51.1 de nuestro “últimamente maltrecho” Estatuto de los Trabajadores.

Como todos sabemos, la actual redacción del artículo 51.1 del Estatuto de los trabajadores indica que la consideración de despido colectivo requiere que estemos ante una extinción de contratos por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción que en un periodo de 90 días afecte al menos a:

a) 10 trabajadores, en las empresas que ocupen menos de 100 trabajadores.

b) El 10% del número de trabajadores de la empresa en aquéllas que ocupen entre 100 y 300 trabajadores.

c)  30 trabajadores en las empresas que ocupen más de trescientos trabajadores.

Parecía por tanto indubitado, ante la claridad de esta redacción, que la unidad de cómputo para estos umbrales era la empresa en su conjunto.

Sin embargo, tras algunos pronunciamientos previos del TJUE y su ratificación por el TS esta línea de interpretación ha decaído, veamos por qué.

La Directiva 98/59/CE, conforme a lo dispuesto en su artículo 1.1.a), permite a los Estados miembros la delimitación del ámbito del despido colectivo a través de una opción de elección entre dos alternativas de cómputo:

Se entenderá por «despidos colectivos» los despidos efectuados por un empresario, por uno o varios motivos no inherentes a la persona de los trabajadores, cuando el número de despidos producidos sea, según la elección efectuada por los Estados miembros:

i) para un período de 30 días:

– al menos igual a 10 en los centros de trabajo que empleen habitualmente más de 20 y menos de 100 trabajadores,

– al menos el 10 % del número de los trabajadores, en los centros de trabajo que empleen habitualmente como mínimo 100 y menos de 300 trabajadores,

– al menos igual a 30 en los centros de trabajo que empleen habitualmente 300 trabajadores, como mínimo;

ii) o bien, para un período de 90 días, al menos igual a 20, sea cual fuere el número de los trabajadores habitualmente empleados en los centros de trabajo afectados.

Es decir, que aunque estamos ante una materia de derecho mínimo, y sin perjuicio de que los Estados miembros, en virtud del poder facultado por el artículo 5 de la propia Directiva, puedan establecer en sus legislaciones nacionales disposiciones legales, reglamentarias o administrativas más favorables para los trabajadores, lo cierto es que, en lo que respecta a la unidad de cómputo de umbrales para el despido colectivo, la Directiva no utiliza como referencia la empresa completa, sino el centro de trabajo.

En este sentido, cabe señalar que la legislación española no ha optado por acogerse a ninguna de las dos opciones propuestas por la Directiva, sino por establecer un “sistema híbrido”, en el que combina la escala de la primera opción pero aplicándola sobre el arco temporal de 90 días especificado en la segunda. En todo caso, abundando sobre lo indicado, nuestro legislador añade además una variante respecto al elemento locativo no contemplada en ninguna de las dos opciones previstas en la Directiva, esto es, que la unidad de cómputo se refiera a la totalidad de la empresa en su conjunto y no al centro de trabajo.

¿Centro de trabajo o empresa?

En el caso tratado por por la STS 848-2016, estamos ante una empresa de 3.100 trabajadores en la que se ejecutan 27 despidos individuales, computables por su naturaleza y características a los efectos de umbrales, y todos ellos asociados a un centro de trabajo en el que prestan servicio 77 trabajadores. Conforme a las reglas de cálculo contenidas en la Directiva Comunitaria estamos ante un despido susceptible de ser considerado colectivo, si bien, tomando en consideración la totalidad de la empresa, no alcanzaríamos el umbral de 30 despidos que, nuestro Estatuto de los Trabajadores, determina que debe haber para que ese despido sea considerado como un despido colectivo.

El TS, tras analizar el caso, concluye que el actual redactado del artículo 51.1 del Estatuto no se corresponde con una adaptación ajustada y precisa a la Directiva 98/59, ya que la extensión de la unidad de cómputo a la totalidad de la empresa solo puede considerarse más favorable para el trabajador si de ella no deriva un efecto, como el que en el caso enjuiciado se produce, de reducción de la protección por no considerarse la concurrencia de un despido colectivo. Consecuentemente, el Tribunal Supremo falla, desestimando el recurso de la empresa, y determinando la existencia de un despido colectivo en el caso enjuiciado.

Imagen por cortesía de Thawats/FreeDigitalPhotos.net

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Ahora bien, recapitulando todo lo expuesto con idea de asimilar este giro y aplicarlo en el día a día de nuestro trabajo, en mi opinión, hay dos consideraciones importantes más a tener en cuenta:

Primera consideración: 

No debemos obviar que la facultad de mejora contenida en el artículo 5 de la Directiva 98/59, permite a los Estados miembros aplicar la protección inherente al despido colectivo recogida en dicha Directiva, no sólo a los trabajadores de un centro de trabajo que hayan o vayan a ser despedidos sino que, su consideración como derecho mínimo, permite hacerla extensiva a otros supuestos.

Consecuentemente, debemos tener presente que no estamos ante un escenario que nos permita desterrar totalmente la unidad de cómputo especificada en el Estatuto de los Trabajadores, eso es, la empresa en su conjunto.

De hecho, más allá de la realidad puesta de manifiesto en el caso enjuiciado en la STS 848/2016, lo cierto es que la aplicación del cómputo de umbrales sobre el total de la empresa puede también conformarse como un escenario más favorable para el trabajador, dado que extiende las garantías informativas y de consulta inherentes al despido colectivo obligando a pasar por su aplicación cuando estemos ante 30 despidos en un arco temporal de 90 días, y pudiendo ocurrir esto sin que necesariamente haya de darse esta circunstancia en un único centro de trabajo, sino que podría ocurrir agregando varios.

Segunda consideración: 

Siempre me ha resultado paradójico que un concepto tan relevante como lo es el de centro de trabajo, concepto al que nuestra normativa laboral se refiere de manera constante, no tenga una definición más claramente delimitada en nuestro ordenamiento jurídico, me refiero a una definición que vaya un paso más allá de su enunciación como unidad productiva y organizativa y de su expresa calificación registral como centro de trabajo ante la Autoridad Laboral.

En este sentido,  tres sentencias del TJUE (C80/14, C182/13 y C392/13) evidencian la la necesidad de una acotación general de la definición del centro de trabajo, a fin de evitar que la opción por parte de los Estados miembros por una u otra de las alternativas de computo de umbrales contenidas en la Directiva 98/59 pueda generar diferencias en el alcance de lo que debe considerarse como un centro de trabajo. 

En respuesta a esta necesidad, las tres sentencias referenciadas dejan sentado que la aplicación de los parámetros cuantitativos determinantes del despido colectivo recogidos en las dos opciones expuestas en la Directiva 98/59 han de circunscribirse en todo caso únicamente a los centros de trabajo que ocupen al menos a 20 trabajadores.

Podemos por tanto concluir que nuestra forma de calcular umbrales no puede ceñirse al análisis de una única unidad de cómputo, sino que debe establecerse de una forma sucesiva, esto es:

1º) Aplicaremos las reglas del 51.1 del Estatuto sobre la totalidad de la empresa.

2º) Si del paso anterior no se desprende que estamos ante un despido colectivo  y los despidos se producen en centros de trabajo que ocupan al menos a 20 trabajadores debemos dar un paso más y  aplicar nuevamente las reglas del 51.1 pero tomando esta vez como unidad de cómputo cada uno de esos centros de trabajo.

Y finalmente, habremos de tener también presente la especialidad contenida en el ya citado artículo 51.1 del Estatuto de los Trabajadores, por la cual se confiere naturaleza de despido colectivo a la extinción de los contratos de trabajo que afecten a la totalidad de la plantilla de la empresa, siempre que el número de trabajadores afectados sea superior a cinco, cuando aquél se produzca como consecuencia de la cesación total de su actividad empresarial fundada en causas económicas, técnicas, organizativas o de producción.

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

 

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2 respuestas a EL TRIBUNAL SUPREMO SE PRONUNCIA SOBRE LA CUÁL ES UNIDAD DE CÓMPUTO DE UMBRALES PARA EL DESPIDO COLECTIVO

  1. Jesús Mari dijo:

    Gracias, aclaraciones didácticas ante un tema complejo. Si en todas las materias hay que aprender y desaprender, en las nuestras de dch laboral esto es constante lo que le otorga, en mi opinión, una de reto y estrés. Pero a gusto.
    Un saludo
    Jesús Mari

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Hola Jesús Mari. En laboral pocas cosas son blancas o negras… y recientemente llevamos unos años en las pocas reglas que dábamos por buenas e indubitadas nos las cambian. Al fin y al cabo la doctrina y la jurisprudencia, aunque se ajuste a interpretaciones normativas, yo creo que no deja de tener un componente de subjetividad, prueba de ello es la existencia de votos particulares muchas veces.
      Todo esto hace que nunca podamos movernos en un escenario fijo de verdades universales, pero como bien dices en eso reside el reto!!. Un abrazo.

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