¿QUIÉN DIRIGE TU CARRERA?: IDENTIDAD Y TRAYECTORIA

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Imagen por cortesía de Chaiwat/FreeDigitalPhotos.net

 

Hace unos meses mantuve un interesante debate en Twitter con @vbegoa y @marcvigilante, debate que espero algún día continuar en el mundo 1.0. El debate versaba sobre si la trayectoria profesional es siempre determinante para demostrar quién uno es en realidad.

Tras esa conversación no he podido evitar caer en la tentación de abordar el tema y traerlo al blog, escapando así de las limitaciones que impone el tener que condensar la expresión de opinión en 140 caracteres.

¿Quién nos marca el camino?, yo realmente creo que los caminos en la vida se abren ante nosotros, pero que la decisión de qué rumbo tomar no depende de nada más que de nosotros mismos, es decir, de nuestra determinación y voluntad.

Se que puede parecer una afirmación arriesgada, no pretendo obviar las dificultades que nos rodean, la complejidad e influencia de las circunstancias, ni tampoco es mi intención minimizar los condicionantes que hacen que muchas veces nuestras ganas de experimentar y de arriesgar se retraigan en pos de mantener la seguridad que creemos  inherente al entorno de lo que ya conocemos.

Pero, con todo y con eso, yo sigo pensando que la trayectoria en la vida es la que uno mismo elige tener. Es más, creo que podemos concluir que el ritmo al que la carrera se desarrolla puede quedar a merced de algunos condicionantes, pero nunca deberíamos  permitir que los mismos adquieran la fuerza necesaria como para anular nuestra voluntad, hasta el extremo de permitir que las circunstancias elijan por nosotros el rumbo de nuestra trayectoria.

Por eso, yo si defiendo, y creo firmemente, que la trayectoria nos autodefine, es un reflejo fiel de a dónde nos han llevado nuestras decisiones, de hasta dónde permitimos que las circunstancias nos frenaran, de cómo fuimos capaces de superarnos ante la adversidad o de cómo fuimos capaces de reaccionar ante una decisión equivocada.

Muchas veces, nosotros nos ponemos nuestros propios frenos, y lo hacemos porque nos creemos la versión oficial de la realidad que circula a nuestro alrededor y al hacerlo le cedemos a esa versión el timón de nuestra carrera.

¿Cómo vas a cambiarte de trabajo ahora? ¡Con la que está cayendo!.

Si ya tienes 45 años se te pasó el arroz: las oportunidades laborales ya no surgen y estás fuera del mercado.

El nuevo puesto a lo mejor te apetece pero ¿Te vas a arriesgar a cambiar sin que haya una mejora salarial?…

Ante esta versión oficial, que casi siempre alguien de nuestro entorno se encarga de recordarnos, nuestra determinación flaquea, nos invade la resistencia al cambio y empezamos a ser víctimas de «los Y sis»:

¿Y si no me gusta?, ¿y si me va mal?, ¿y si salgo perdiendo?, ¿y si no soy capaz?…

Paradójicamente, en ese proceso nos olvidamos de un «Y si» fundamental:

¿Y si mañana me arrepiento de no haberlo intentado?

No cedamos el timón en ese momento crucial. Es el momento de recordar qué queríamos  ser al empezar nuestra vida académica y profesional, es el momento de pelear por sacar nuestro sueño adelante, y de luchar por alcanzar la meta que en aquél momento tan clara teníamos. ¿Algunos ejemplos?

¿Quién dirigía la carrera de Billy Elliot?

Si habéis visto la película, estaréis de acuerdo en que Billy no vivía en un ambiente propicio a apoyar su sueño de orientarse profesionalmente hacia el ballet clásico.  El chico no lo tenía nada fácil.

Pero también es cierto que Billy contaba con bastantes elementos a su favor, él tenía una fuerte vocación, pero además, contaba con su firme determinación, con su inconformismo ante la adversidad, con una gran capacidad de trabajo y con una motivación a prueba de bomba. Estos elementos se convierten en el motor que le conduce al éxito y a lograr tener la carrera que siempre deseó.

El primer paso fue colgar a escondidas los guantes de boxeo para calzarse las zapatillas, y a partir de ahí, sin prisa pero sin pausa.

Billy lo tuvo claro y no cedió el timón ante la adversidad de sus circunstancias: ser hijo de un minero sindicalista volcado en una huelga feroz, vivir sin recursos en un suburbio de Durham y tener por delante la sombra descorazonadora de un futuro pre trazado que le llevaría a ser minero, algo que él no deseaba ser.

Billy se negó a resignarse. Aprovechó bien los apoyos que pudo conseguir, trabajó duro, creyó en su sueño  y, a base de esfuerzo, cambió sus circunstancias para alcanzarlo.

El Oro de Carolina

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Imagen por cortesía de khunaspix\FreeDigitalPhotos.net

Pero ¡no nos engañemos!. El camino no siempre es fácil y, a veces, también es necesario que en los momentos más críticos alguien cercano nos zarandee obligándonos a mirar la brújula para, de este modo, ayudarnos a reencontrar nuestro rumbo y recordarnos a nosotros mismo quienes somos en realidad.

Los Juegos Olímpicos de Río nos han regalado una escena fantástica para ilustrar esta idea.

Hemos celebrado la victoria de Carolina Marín al hacerse con la medalla de oro de Badmintong. Reconozco ser una absoluta profana en este deporte pero, según la versión de los expertos, el que una deportista no asiática se subiese a ese podio con la medalla de oro colgando de su cuello era algo así como poner una pica en Flandes, con lo cual, nos damos idea de la magnitud del reto que Carolina tenía delante aquella tarde.

El partido no empezó para la española todo lo bien que ella hubiera querido, la rival era muy dura, las cosas se estaban complicando y Carolina perdió el primer set.

Durante el breve receso que había antes de iniciar el segundo set el entrenador de Carolina habló con ella. A la vista de la situación, lo esperable sería que su entrenador dedicase ese preciado tiempo a darle a su jugadora pautas tácticas y a rediseñar las estrategias de juego que ella debería poner en práctica al volver a la pista para remontar ese resultado adverso, pero… eso no fue lo que ocurrió. El entrenador empleó ese tiempo en algo mucho más importante que todo eso. Estas fueron las palabras que le dirigió a su jugadora:

“Quiero que para jugar te olvides del marcador. Recuerda a esa niña de 14 años que llegó a Madrid y que quería cumplir su sueño. Esa niña de 14 años me dijo lo que quería ser, esa niña de 14 años confía en ti. Esa niña sabe cuál es el plan de juego y juega con disciplina, porque es su sueño. Y ese deseo, que es lo mejor que tú tienes, es muy fuerte”.

Con estas palabras, le recordó a su jugadora que el timón de su carrera lo lleva ella, le recordó quién era, por qué estaban allí, y le hizo recuperar la fe en si misma. Le recordó a Carolina que su trayectoria la elige ella, le hizo visualizar su meta, y sentirse ganadora, le recordó que con trabajo y determinación las circunstancias adversas se superan… y que ella tenía la fuerza necesaria para superar la adversidad.

¿Recuerdas lo que querías ser cuando tenías 14 años? 

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

 

 

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4 respuestas a ¿QUIÉN DIRIGE TU CARRERA?: IDENTIDAD Y TRAYECTORIA

  1. jegarch dijo:

    Hola, buena reflexión yo hace un año que tuve que cambiar de trabajo y con esos 45 por delante, todavía estoy con dudas pero con teniendo en cuenta también lo que comentas. El objetivo es aprender cada día e intentar hacerlo lo mejor que sé, luego el resultado se verá. Las dudas ante los cambios siempre surgen y bueno siempre hay que tener el idea de la cosa irá bien y seguro que alguien siempre nos ayudará y si no como dice Dory en su película,siempre hay otro modo de hacer las cosas. Y una cosa importante que recoges, creer en uno mismo, no es fácil a veces, y disfrutar.
    Un saludo
    Jesús Mari

  2. Eva Martínez Amenedo dijo:

    Hola Jesús Mari. Mil gracias por valorar y comentar. Es cierto lo que dices, el vértigo está ahí y no se pasa de la noche a la mañana, pero lo que es indiscutible es que toda experiencia de cambio, con independencia de que el resultado sea positivo o negativo, te obliga a dejar la comodidad y a crecer.
    Eso siempre es bueno, además, en el peor de los casos, si la experiencia de cambio no es buena, a nadie nos gusta equivocarnos en las decisiones pero, tampoco es el fin del mundo. Seguro que tarde o temprano tendremos la opción de rectificar sacando partido a la experiencia vivida. Lo importante es no dejar de intentarlo . Un abrazo.

  3. ririgaray dijo:

    Buenas Eva, me ha gustado tu artículo; creo que nosotros somos quien dirigimos nuestra carrera e identidad con nuestras decisiones, pero dentro de las circunstancias que nos rodean.

    En mi casa tuve que dejar de estudiar para ponerme a trabajar y ahora a los 40 estoy terminando magisterio, espero poder cambiar de sector y dedicarme a lo que siempre me ha gustado, pero es ahora cuando tengo las circunstancias como Elliot, las ganas y la posibilidad de realizar lo que creo es mi vocación profesional.

    Claro que podemos sentir miedo al salto, a tener menos seguridades; pero una vez que lo ves claro hay que pelear por tus sueños y disfrutar de lo que cada día hagas y consigas.

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Muchas gracias por tu valoración Rafael y por enriquecer el post aportando tu experiencia. A mi me parece que tiene mucho mérito seguir remando, ya sea a los 30, a los 40, o a los 60. Teniendo tan claro lo que quieres no me cabe duda que harás lo mismo que Billy: poner tu determinación por delante, buscar los apoyos necesarios y aprovecharlos para tener la carrera que siempre has querido. Mucha suerte y ¡a por ello!

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