APRENDER A CAER

Nadia Comaneci reventó con solo 14 años de edad todas las expectativas en el mundo de la gimnasia deportiva, rompió todos los paradigmas. Una prueba fehaciente de ello es el problema logístico que se planteó en los juegos olímpicos de Montreal 1976 para conseguir que un marcador, preparado para recoger una nota máxima de solo tres dígitos: 9.95, pudiese reflejar la calificación que obtenían sus ejercicios, unos ejercicios que por primera vez en la historia de este deporte alcanzaban el 10, ese 10 que hasta entonces era absolutamente inalcanzable… por definición.

¿Qué se esconde detrás de un perfect 10?

Un resultado “en el techo de la perfección” sin lugar a dudas se sustenta en una base de talento y en muchas horas de trabajo, esfuerzo, perseverancia, superación y pasión.

Pero aunque todo esto es muy importante no quiero dedicarme a tratarlo en este post, me gustaría en su lugar reflexionar sobre otra idea, sobre algo que, una Nadia Comaneci ya adulta, refería en una entrevista que le hicieron:

El entrevistador le preguntaba por el sufrimiento de los entrenamientos, por el dolor y el esfuerzo que, sin duda, habrá detrás de su historia personal de éxito. Concretamente, le preguntaba si había tenido que sufrir muchas lesiones a lo largo de su carrera deportiva.

A esta pregunta, Nadia respondía indicando que nunca había tenido que sufrir lesiones, y que no las había sufrido porque, como parte de la disciplina de su entrenamiento, a ella le habían enseñado cómo debía caer para evitarlas. 

A mí, escuchar esta respuesta de Nadia me indujo a hacer una reflexión personal, ya que, a diferencia de lo que a ella le ocurrió, creo que a nosotros nadie nunca nos ha enseñado cómo hay que caer…

07.21

¿Por qué no nos enseñaron a caer?

La cuestión, en mi opinión, no es para nada trivial, de hecho, creo que buena parte de nuestras inseguridades, bloqueos y debilidades pueden tener su origen en esta carencia educacional que arrastramos desde la cuna.

En términos generales, pienso que no concebimos ni afrontamos el error o el fracaso como algo natural, como algo íntimamente ligado al proceso de aprendizaje. En su lugar, nos avergonzamos de nuestro fracaso, lo vivimos como si fuese un vapuleo emocional, una humillación o un ataque frontal a nuestro Ego.

Nos duele reconocer el error porque lo equiparamos a un síntoma de debilidad sin darnos cuenta de que la realidad es otra bien distinta.

Ante el error reaccionamos permitiendo que nos invada una absurda sensación de ridículo en lugar de enfocándonos a asimilar el fracaso como un doloroso paso previo por el que es inevitable pasar mientras transitamos el camino que nos conduce hacia la perfección.

Consecuentemente, opino que no nos preparamos para saber cómo reaccionar ante el fracaso ni para afrontar el momento en el que el error irrumpe en nuestras vidas.

No nos preparamos para las caídas, ni las asumimos como necesarias, preferimos simplemente eludir pensar en ellas y engañarnos a nosotros mismos autoconvenciéndonos de que, si nos lo proponemos, seremos infalibles. 

Mi sensación es que no hemos sido educados para el fracaso, sino para el triunfo, y parece lógico que así sea. De hecho, romper la inercia al cambio, afrontar los retos con pensamiento positivo, la autoconfianza, vencer el miedo y el afán de superación son siempre valores en alza… Ahora bien, el problema viene cuando olvidamos que las caídas, y sobre todo su superación, también forman parte del itinerario que conduce al triunfo.

Una cosa es aprender,  y otra muy distinta mortificarse con el error

Cuando acumulas años, experiencias, y decisiones equivocadas, te das cuenta de que tras un fracaso es bastante frecuente recurrir a analizar una y otra vez las causas que te llevaron a cometer tus errores y, ya de paso, ¿por qué no reconocerlo?, es igualmente frecuente caer en la dinámica de tirarte de los pelos mil veces, y de renegar de ti mismo por no haber tomado otro camino al estar parado ante aquella bifurcación, o por no haber sido capaz de ver entonces lo que ahora tus ojos te muestran con claridad diamantina.

Si fuésemos capaces de racionalizar esta actitud, ¡cosa que por cierto no es nada fácil de conseguir!, nos daríamos cuenta de lo poco productiva que resulta.

Más allá de hacer el aséptico análisis “anatómico forense” de las causas y circunstancias que te han inducido al fracaso, una vez has identificado las mismas y has interiorizado lo que en ese momento tocara aprender, la experiencia de tu error ¡ya se ha vaciado!, ya te ha proporcionado todo lo que encerraba dentro, es el momento de desprenderse de ese lastre.

Llegado al punto en el que ves cómo, a pesar de tu lucha por evitarlo, finalmente el fracaso te acorrala, en lugar de negarlo y lamentarte, a lo mejor lo más inteligente es hacer lo mismo que Nadia: asumir lo inevitable y prepararte para la caída, esto es, concentrarte en enfocar la situación de manera positiva, ser consciente de que vas a caer y emplearte en “hacerlo bien” para que de este modo la experiencia no te dañe más de lo que resulte estrictamente necesario para aprender.

Dedico este post a mis errores: a las personas a las que amé en mayor medida de lo que eran capaces de recibir, a las personas en las que no supe generar la confianza necesaria como para que me comprasen una idea y a todos los proyectos frustrados en los que un día invertí fuerza y pasión. 

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4 respuestas a APRENDER A CAER

  1. jegarch dijo:

    Buen mensaje, y me ha gustado mucho la dedicatoria que has puesto al final. Bueno el que vayamos sobre dos patas tiene este inconveniente que tendemos a caer. Y a veces levantarse cuesta un rato,, pero aprendemos de pequeños a caer y a andar con lo cuál en nuestro cerebrito los pasos de como se hace ya llevamos. Y el no caer para nosotros los humanos es importante ya que cuando somos viejecitos nos ayudamos de mil artilugios para no caer.

    Gracias, un saludo
    Jesús Mari

  2. Luis Alonso Rosales dijo:

    Muy acertado tu comentario, para reflexionar, la preparación para caer es nula, a veces un sólo consejo de que por si acaso sucediera… pero en realidad deberíamos tener una preparación fuerte para poder “digerir” las caídas y no caer en la depresión o cosas más fatales. Este enfoque no debe estar basado únicamente en la rehabilitación, sino en como bien dices, en la preparación para no salir raspados. Me encantó el post. Saludos hasta la Madre Patria

  3. Claudia Romero dijo:

    Hola que tal muy buenos los comentarios y definitivamente acertados, ya que en el transcurso de nuestra historia de vida nos enseñan a prepararnos para los triunfos pero que pasa cuando desafortunadamente pasamos por una época difícil y no vemos mas allá de las circunstancias, es importante tener un pensamiento fuerte que nos ayude a levantarnos de los obstáculos que se nos presenten y poder tener y mantener una mentalidad positiva generando y atrayendo cosas creativas que nos permitirán aprender de esos errores o fracasos como un buen aprendizaje de vida.

    Saludos Cordiales

    Un abrazo

  4. Salvador I I dijo:

    Siempre dicen que no importa el número de veces que caigas mientras te levantes una vez más, que en los fracasos aprendes mucho más que en los éxitos, que un éxito es un cumulo de anteriores fracasos. Sin embargo en este post hablamos de algo que me parece interesante aprender a caer, tenemos que prepararnos para caer, me parece una buena reflexión.

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