EL RETROVISOR

 

Este post tan especial va dedicado al gran equipo que durante once años he tenido el privilegio de dirigir en CESCE, y también al resto de los colaboradores que, igualmente durante esa etapa, me permitieron crecer profesionalmente a su lado y aprender “con” y “de” ellos. 

Todos siguen conmigo y se que me seguirán acompañando siempre “desde el retrovisor”. ¡¡Os quiero mucho chicos!!. 

 

Hace algún tiempo tropecé con una de esas frases que te hacen reflexionar y que contienen un mensaje que conservas para siempre en tu memoria.

Venía a decir algo así como que en un vehículo el parabrisas es mucho más grande que el retrovisor, y que esto no es algo casual, sino que obedece a que el foco de nuestra atención tenemos que ponerlo siempre en el futuro y nunca en lo que dejamos atrás.

Vivimos en un mundo cambiante en el que, especialmente en los últimos tiempos, el mercado de trabajo ha sido un verdadero agente del cambio en la vida de muchas personas: hay quienes han perdido su empleo y a la fuerza se han visto obligados ponerse de nuevo en búsqueda activa para encontrar un nuevo proyecto, hay quienes por el mismo motivo han decidido embarcarse en la aventura de emprender…

Este post no quiero dedicarlo a analizar estas experiencias de cambio que, sin buscarlas, nos vienen impuestas por las circunstancias, sino que prefiero orientarlo hacia el análisis de aquellas experiencias de cambio laboral que nosotros elegimos voluntariamente, y a las sensaciones que experimentamos durante ese proceso.

Y elijo este enfoque no por casualidad, sino en prueba de la confianza que deposito en que la senda de recuperación económica que iniciamos reactivará el mercado laboral y esto hará que en un futuro, esperemos que cercano, las oportunidades de cambio profesional vuelvan a cruzarse en nuestro camino con cierta habitualidad.

En todo proceso de cambio laboral de esta naturaleza, llamémosle voluntaria, a mi modo de ver existen dos momentos clave: el de la decisión de aceptar el reto, y el de la incorporación al nuevo proyecto.

Mucho se ha escrito sobre el primero de estos dos momentos, no en vano, se corresponde con el punto de no retorno en el que a uno, si es que quiere evolucionar, no le queda otra que sobreponerse a sus miedos y abandonar su zona de confort.

Es bien cierto que ese punto de inflexión es importante, sin embargo, creo que muchas veces caemos en el error de pensar que una vez salvado ese momento, y demostrado el correspondiente arrojo de valentía que la toma de esa decisión requiere, lo peor ya ha pasado y que a partir de ese momento, lo demás nos vendrá rodado, cuando, en realidad, esto no es así ni de lejos. Y es que precisamente tras ese punto de inflexión en el que la zona de confort ha quedado atrás, lo que nos aguarda es realmente EL RETO en sí, con letras mayúsculas. Es lo que yo denomino la zona cero.

Otear el horizonte a través del parabrisas vs anclarse a la zona de confort mirando el retrovisor

 

Imagen por cortesía de: Tom https://www.flickr.com/photos/luckytom/ https://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/

Imagen por cortesía de: Tom 
https://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/

Al iniciar un nuevo proyecto profesional te cargas de ilusión, de energía y de fuerza, y te motivas para darlo todo, aunque también te preparas mentalmente para darte una tregua en tu habitual nivel de autoexigencia, porque eres consciente de que inevitablemente vas a necesitar un tiempo de aclimatación. Pero, pese a esta labor de mentalización previa, la realidad que nos espera en la zona cero muchas veces resulta más dura de lo que preveíamos.

Para empezar, debes enfrentarte al hecho de que te faltan referencias porque te encuentras inmerso en un entorno totalmente nuevo y desconocido, un entorno en el que muchas veces la Cultura Empresarial, el know how,  e incluso la manera en la que la Organización entiende tu función y delimita tu rol, es muy diferente a la que tu vienes acostumbrado a manejar.

Aparte, es inevitable, y natural, que sientas que todas las miradas están puestas en ti, y eso indudablemente supone un elemento de presión añadida, ya que sientes que tu desempeño está siendo evaluado, máxime cuando se trata de un desempeño que estás teniendo que llevar a cabo en un entorno para ti aún desconocido y bajo unas condiciones que, evidentemente, te hacen sentir que aún no dispones de un control absoluto sobre los elementos que para el ejercicio de tu función debes habitualmente manejar.

Por otra parte, en toda incorporación a un nuevo proyecto es frecuente enfrentarse a una fase inicial en la que lo que corresponde es observar, ser prudente, y  “hacer malabarismos” para implantar gradualmente los cambios que decidas acometer, evitando así irrumpir como un elefante en una cacharrería.

Así, en estos primeros estadios resulta fundamental encontrar un punto de equilibrio que te permita compatibilizar la administración de la prudencia necesaria con la gestión de la incertidumbre y el riesgo inherente a la toma de las primeras decisiones bajo tu criterio experto. Este equilibrio entre la firmeza de criterio y la prudencia es tan imprescindible como complicado de conseguir en algunas ocasiones, por eso, es natural que te invada una cierta sensación de salto en el vacío, ya que eres consciente de que las soluciones mágicas, universales y válidas para resolver problemas en cualquier entorno organizativo y cultural, sencillamente, no existen. 

Por otra parte, eres  igualmente consciente de que, por mucha experiencia que tengas dando solución a un problema concreto, la experiencia que tú aportas procede de otro entorno y que, por ese motivo, hasta que no experimentes la implantación de esa solución en la zona cero, y compruebes si el resultado se ajusta o no a lo esperado, no tendrás garantías de éxito. 

En estos momentos, ante el enfrentamiento a todas esas dificultades, me temo que todos tendemos a cometer el mismo error. ¡Mirar el retrovisor y quedarnos  anclados mirándolo!. Instintivamente, comparamos nuestra vida de incertidumbre en la recién estrenada zona cero con la vida de seguridad que llevábamos el último día del desempeño de nuestro trabajo en la zona de confort.

Es más que evidente que ambas situaciones no son comparables, pero no por ello dejamos de cometer ese error. Por eso, pienso que es fundamental que tengamos claro que, a la hora de afrontar lo desconocido, dependiendo de cuál sea nuestro enfoque, el retrovisor puede ser nuestro aliado, pero también nuestro mayor enemigo.

Ante una situación de cambio, en mi opinión, lo procedente sería que nos hiciésemos a nosotros mismos la siguiente pregunta: ¿De qué nos sirve establecer este tipo de comparaciones cuando tenemos a nuestro alcance la posibilidad de plantearnos alternativas de comparación más racionales?. 

Con esto quiero decir que si vamos a establecer algún tipo de comparativa entre la perspectiva que tenemos más allá del parabrisas y la que vemos por el retrovisor, hagámoslo en términos de homogeneidad, esto es, comparando nuestra actual situación, no con la que teníamos justo antes de abandonar nuestro proyecto profesional previo, sino con la situación que vivimos en el pasado, cuando estábamos igualmente en una zona cero, iniciando ese proyecto que justo ahora acabamos de terminar. Seguro que si hacemos este ejercicio de comparación homogénea la sensación que nos invade al mirar el retrovisor es sustancialmente distinta. 

Una vez tengamos esta perspectiva clara, deberíamos también asimilar que los cambios, aunque no siempre son garantía de éxito, siempre van a ser para quien elige vivirlos una garantía de crecimiento.

Finalmente, quisiera matizar que, con toda esta reflexión, no pretendo indicar que ante una situación de cambio todos tengamos que prescindir absolutamente de nuestro retrovisor, ¡ni mucho menos!. Sencillamente, lo que yo creo y defiendo, es que el retrovisor ha de utilizarse de un modo acorde a la finalidad que justifica su existencia, es decir, para extraer del mismo la información y aprendizaje necesarios como para cambiar de carril con seguridad. O dicho en otras palabras:

El pasado y sus enseñanzas han de servirnos como base para acometer el futuro, y nunca debemos permitir que se conviertan en un lastre que nos impida continuar el camino una vez iniciado el mismo.

 

 

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Las opiniones, comentarios y contenidos que, como autora, publico en este blog son absolutamente personales, y por tanto no las emito en representación de ninguna de las empresas con las que en el pasado o en la actualidad mantengo vinculación laboral. 

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7 respuestas a EL RETROVISOR

  1. jegarch dijo:

    Aleccionador. Llevó un año en un proyecto laboral nuevo y ahí andamos en esa zona cero mirando hacia adelante y ufff con mucho miedo y respeto para hacerlo bien. Yo me he tomado mi propio “mantra” para ir para adelante y es que voy día a día y que tengo que confiar en mi mismo, si sale mal, espero que no, cabeza arriba y a levantarme de nuevo.
    Un saludo Jesús Mari

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      En eso estamos Jesús Mari. Pero recuerda que quien no se arriesga no pasa la mar. Mi proceso de cambio me está obligando a mantenerme apartada del blog y las redes por una cuestión de disponibilidad de tiempo. Confío en poder retomar las publicaciones aunque sea de una manera más espaciada. Muchísimas gracias por mantenerte ahí y ser tan fiel seguidor. Un abrazo y mucho ánimo. ¡Lo conseguiremos!

  2. Eduardo dijo:

    Gracias por tus palabras. Me quedo y me aplico la frase sobre el tamaño del parabrisas y del retrovisor y la comparación homogénea de las zonas cero. Me sirven muchísimo precisamente hoy.

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Gracias a ti Edu, y no solo por ser seguidor del blog. Ya sabes que además formas parte del grupo de personas que ne hizo crecer durante mi etapa en Cesce. Un abrazo muy fuerte

  3. Manuel Díaz González dijo:

    Hola Eva. Una reflexión madura y sensata sobre lo que representa tomar una decisión de cambio, no solo aplicable al ámbito profesional.
    Gracias, como siempre.
    Un fuerte abrazo

    • Eva Martínez Amenedo dijo:

      Hola Manuel. ¡Qué alegría tenerte por aquí!. Muchas gracias por dejarme tu comentario y por seguirme leyendo. Un abrazo. Seguiré publicando aunque sea a un ritmo más lento porque el día a día del viaje por la nueva carretera me absorbe casi todo el tiempo.

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