LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: ALADDIN Y LA MARCA PERSONAL

Este post se lo dedico a Víctor Candel (@jecanpa), porque es una auténtica referencia en el mundo de los RRHH 2.0, y también en agradecimiento por su apoyo constante en la difusión de mis post de la serie Gestión Disney de RRHH.

¡Mil gracias Víctor!

Genial ilustración creada especialmente para este post por mi ilustradora favorita: La Gran Marta Fernández. Queda prohibida su reproducción parcial o total y su comercialización.

La marca personal… ¡ese término de acuñación reciente que últimamente escuchamos a todas horas!. Por si queda algún lector despistado que desconozca en qué consiste voy a intentar recopilar algunas definiciones:

  • Hay quien define marca personal como aquello que dicen de tí cuando abandonas una habitación las personas que aún quedan en ella. En mi opinión esta definición no es la más acertada, porque pienso que identifica el concepto de marca personal con el de prestigio o con la imagen que uno proyecta de sí mismo y, aunque es cierto que la marca personal tiene mucho de todo eso, creo que además entran en juego otros elementos que en esta definición no se recogen.
  • Hay quien la concibe como una estrategia de diferenciación personal basada en la identificación de tus puntos fuertes y en la capacidad de mostrarlos. En otras palabras, algo así como saber ser genuino y desplegar tus encantos.
  • Podría definirse también como una estrategia autogestionada de marketing en la que el producto eres tú mismo.

Sin embargo a mí, que me gusta simplificar las cosas lo más posible, me resulta más sencillo definir la marca personal como el resultado que se obtiene tras seguir estos tres mandatos en el orden en el que a continuación se enuncian:

1º: Conócete bien a tí mismo

2º: Identifica en qué eres único y brillante

3º: Muéstraselo al mundo 

Si partimos de esta secuencia podemos concluir que para acuñar una marca personal necesariamente hay que partir de cosas como: el autoconocimiento, la objetividad, la sinceridad con uno mismo y la honestidad. Pero además, será necesario que pongas a trabajar tus mejores habilidades de comunicación.

El mundo 2.0 es un aliado fundamental para difundir la marca personal, ahora bien, debemos ser también conscientes de la situación de «amparo virtual» que este entorno nos brinda con respecto al mundo de la interacción en persona. Me refiero a que las características de la comunicación propia del mundo 2.0 facilitan que podamos elegir qué parte de nosotros es la que queremos mostrar y cuál mantendremos oculta.  

El príncipe Alí 

Creo que todos recordamos la historia de Aladdin, un ladronzuelo de la ciudad de Agrabah enamorado de Jasmine, la hija del Sultán.

Contando con la inestimable colaboración de su amigo el genio, Aladdin decide construirse una nueva identidad. Esta identidad la diseña para ponerla al servicio de un objetivo, conseguir el amor de Jasmine, pero también basándose en lo que él cree que de un pretendiente ideal los demás esperan. Por eso, Aladdin se transforma en el príncipe Alí y despliega una estrategia de ostentación pública donde poder exhibir toda una fachada de encantos falsos…

¡Impresionante!, ¿no es cierto que ese brillo en la sonrisa haría perder el sentido a cualquiera?. El muchacho desde luego no ha escatimado en medios

De alguna manera, esta escena nos muestra cómo Aladdin ha pretendido hacer una gestión de marca personal, pero, tal y como a continuación analizaremos, lo hace equivocándose absolutamente en el enfoque.

A medida que la historia transcurre ante nosotros, claramente concluimos que Aladdin hubiese estado más acertado mostrándose ante Jasmine tal y como realmente es en lugar de intentando impresionar a todos, tratando demostrar que está a la altura de las expectativas, y camuflándose para ello tras una pantalla de plumas de pavo real, odaliscas, malabaristas y faquires.

Los errores de Aladdin

El principal error cometido por Aladdin, y del que luego surgirán sus problemas en espiral, radica en su falta de confianza en sí mismoAladdin es una persona noble, un diamante en bruto, pero, pese a ello, se lanza de cabeza a desechar sus posibilidades de éxito sin ni siquiera analizarse antes a sí mismo, esto es, sin valorar con realismo y objetividad cuáles son sus puntos fuertes y débiles.

Por eso, no identifica ni se plantea que, a lo mejor, su origen humilde y su procedencia de ingenioso ladronzuelo buscavidas pudiera convertirse en su mayor fortaleza de cara a atraer, a través de la estrategia de diferenciación, a una Jasmine que vive en una jaula de oro, saturada de lujos. Una Jasmine a la que, por otra parte, él ni siquiera se ha molestado en conocer a fondo, o al menos lo necesario como para darse cuenta de que lo que ella busca no es precisamente un príncipe.

Así las cosas, nuestro protagonista estructura todo un plan de autopromoción partiendo de premisas erróneas pero hay que reconocerle, eso si, que selecciona un buen director para su campaña de marketing: el genio, que le ayuda a sembrar su fama, falsa… pero fama al fin y al cabo.

Cuando hablamos de marca personal nos estamos refiriendo a algo tan identificativo, único e íntimamente relacionado con la persona como pudiera serlo su huella digital o su ADN. Igual que no hay dos personas iguales no debiera nunca haber dos marcas personales iguales. Y digo «debiera» porque, por desgracia, algunas veces resulta más sencillo tomar un atajo, actuar como Aladdin, y fabricarse una marca personal al gusto del consumidor, esto es, no desde la filosofía de «potenciar lo mejor de lo que soy» sino desde la de «hacer creer a los demás que soy lo que pienso que ellos quieren que sea».

Entonces, irremediablemente, se cae en el error de evitar mostrarse a los demás tal cual uno es y preferir en su lugar, ya no mostrarse, sino exhibirse, como aquél a quien a uno le gustaría parecerse. Al optar por esta fórmula es frecuente obviar que esta elección contraviene la esencia de una marca personal: ser un reflejo fiel de ti mismo y a la vez constituirse como tu elemento diferenciador, ese que te hace único y especial.

Con esto no quiero decir que haya dos tipos de persona: lo que tienen derecho a tener marca personal y los que no, ¡ni mucho menos!. Más bien, creo que la distinción que procede hacer se basa en que hay personas que entienden lo que significa forjarse una marca personal y actúan en consecuencia y quienes no entienden bien lo que esto significa y actúan de manera desacertada y precipitada.

De hecho, caer en los mismos errores que Aladdin al construir la marca personal es algo bastante común hoy en día, por eso, cuando nos adentramos en las redes sociales y profundizamos en algunos perfiles digitales, no es extraño encontrar, agazapados bajo la protección que brinda el mundo 2.0, a bastantes más «príncipes Alí» de los que en un primer momento pudiésemos sospechar.

Desgraciadamente, es relativamente frecuente encontrar personas que irrumpen en redes sociales de la misma manera que Aladdin lo hace en el palacio del sultán, esto es, a lomos de un elefante, disfrazado de príncipe Alí  y echando la puerta abajo. Me refiero a aquellos que se construyen de manera apresurada y poco reflexionada una marca personal que de «personal» tiene bien poco, porque no pasa de ser en ocasiones un desideratum bienintencionado pero poco madurado, y, en el peor de los casos, una clonación a base de corta/pega de las marcas, esta vez sí que personales, de otros.  

Esta actitud suele manifestarse entre quienes entienden la marca personal como una obligación, o como un fin, en lugar de como un medio, o incluso entre quienes desean obtener el beneficio de tener su marca pero sin antes molestarse en dar los pasos necesarios para trabajarla ni esperar el necesario tiempo que tras la siembra debe transcurrir para poder recolectar.

Recuerda…

  • Desde el principio Aladdin debió sustentar su marca personal sobre sus verdaderas fortalezas y confiar un poco más en sí mismo. Tengámoslo en cuenta de cara a trabajar la nuestra.
  • Seamos consecuentes y no sucumbamos a la tentación de disfrazarnos de príncipe Alí, ya que de nada vale conseguir un trabajo, un proyecto profesional o incluso tejerse una buena red de contactos si la construyes a base de vender lo que no eres, puesto que a la larga la verdad termina saliendo a la luz. 
  • Recordemos siempre la manera en la que al príncipe Alí la situación le sobrepasa cuando va a ser nombrado sultán, y recordemos también que las auténticas habilidades de Aladdin (la nobleza, la honestidad, la tenacidad y el ingenio) son las que le conducen a alcanzar sus objetivos al final de nuestra historia.

Conócete a ti mismo, descubre tus fortalezas y comunícalas. Construye sobre esos cimientos tu marca personal.

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