LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: POCAHONTAS, LOS COLORES EN EL VIENTO Y LA PNL

Pocahontas es una película que, por motivos y experiencias personales, la asocio al mundo de las oportunidades perdidas y de  las barreras en la comunicación. Su canción principal siempre me ha resultado tremendamente emotiva.

 

 

La canción concentra el principal mensaje que encierra la historia de Pocahontas. Estamos ante una película sobre la tolerancia, ante una invitación a la reflexión sobre la importancia que tienen los puntos de vista, las diferentes visiones de la realidad y sobre el papel capital que juegan las percepciones en la generación de nuestras emociones.

Todos estos conceptos entroncan directamente con uno de los principales fundamentos en los que se basa la programación neurolingüística (PNL) y que a continuación analizaremos:

“El mapa no es el territorio”

Si fuésemos capaces de interiorizar profundamente las seis palabras que conforman este principio y de tener su contenido presente a la hora de guiar nuestra conducta creo que el mundo giraría de otra manera.

De hecho, creo que entender bien fundamentos como este que nos ocupa: “El mapa no es el territorio”, resolvería buena parte de los problemas con los que a diario tropezamos en nuestra interacción con los demás

Nos hemos educado para conducimos por la vida como si la realidad fuese una verdad única y universal, cuando en realidad esto no es así ni de lejos. Un hecho, en realidad, es capaz de provocar un número de realidades distintas, un número equivalente al de las personas que, o bien  lo observan, o bien lo están viviendo. Y a tantas realidades…. tantas reacciones.

Acabamos de verlo en el vídeo, el escenario es el mismo para los dos personajes, me refiero a que los árboles, los ríos, los animales, las montañas y la tierra son los mismos, ¿correcto?, pero, ¿es igual la visión que tiene Pocahontas de su tierra, y de la naturaleza que la que tiene John Smith?. Evidentemente, no.

Imagen especialmente creada para este post por Mayte Martínez Amenedo. Queda prohibida su reproducción parcial o total y su comercialización.

Imagen especialmente creada para este post por Mayte Martínez Amenedo. Queda prohibida su reproducción parcial o total y su comercialización.

El trazado de nuestros mapas

Tanto la visión de Pocahontas como la de John están condicionadas por multitud de elementos de cuya influencia ni siquiera ellos son conscientes. Ambos construyen su propia realidad, y lo hacen filtrando la información que reciben del exterior, esto es, seleccionando del entorno los fragmentos de información y los estímulos que al cerebro de cada uno más le interesa, y con todos estos elementos conforman su propia interpretación.

Este inconsciente proceso de cribado se basa en cosas como las vivencias previas, los patrones de aprendizaje, la cultura, los valores, las preferencias y los propios miedos e inseguridades. Todo este proceso provoca en ellos unas emociones y una manera propia, personal y única de interpretar la información recibida… cada uno de los dos dibuja “su mapa” y ese mapa le servirá de orientación para guiar sus conductas en lo sucesivo.

  • El mapa de Pocahontas se basa en su armonía personal con el entorno, en el respeto más absoluto a la vida, en la observación de la naturaleza sin interferir en su curso, en la certeza de estar de paso sin ser dueña de nada, en amar la tierra hundiendo en ella sus raíces y en disfrutar de los regalos que, para sus sentidos, ese entorno le proporciona. Esos son los colores escondidos en el viento que ella intenta hacerle descubrir a él. En la canción ella no está haciendo otra cosa que explicarle su mapa a él. 
  • El mapa de John Smith es bien diferente:  se basa en la dominación, en el predominio de su ego, él en absoluto busca la armonía ni evita interferir con el entorno, tampoco prevalece en él un afán de respeto. Él busca el poder, la superioridad, la tierra no le provoca una vinculación emocional, únicamente le interesa en la medida que la concibe como un medio para escalar a una posición de poder. 

¿Cómo descubrir el mapa ajeno?… ¡Jugando a los barquitos!

El tema daría para mucho, pero dar respuesta a esta pregunta de una manera efectiva y acotada a la extensión de un post solo se me ocurre hacer un símil: ¿Qué hacemos cuando jugamos a los barquitos?.

En este juego nuestro objetivo es descubrir dónde el otro ha ubicado sus intereses, y para lograrlo hacemos cosas tan evidentes como preguntarle, escuchar sus respuestas, confirmar la información recibida, observarle…. en definitiva: tratamos de leer en él.

Y todo esto lo hacemos a través del método de prueba y error, manejando con especial cautela la intuición, aplicando mucho la deducción y la lógica, y sin dar nada por sentado a priori, esto es, olvidándonos momentáneamente de nuestro mapa, dado que de nada nos serviría pensar en ese momento dónde tenemos ubicada nuestra flota cuando el objetivo es descubrir dónde la ubica quien tenemos enfrente nuestro.

Si somos capaces de hacer este ejercicio de abrir nuestra mente y de orientar nuestras habilidades de comunicación de la manera que hemos visto para jugar a hundir la flota ¿por qué no somos capaces de hacerlo en nuestra interacción diaria con los demás?

Si fuésemos conscientes de que nuestros mapas nunca son coincidentes, y si fuésemos capaces de tenerlo presente antes de sacar conclusiones sobre las conductas ajenas y,sobre todo, de reaccionar ante ellas, pienso que tendríamos mucho ya ganado. 

Nuestro objetivo ha de ser, tal y como ya hemos anticipado, leer en el otro, y esa lectura la tenemos que entender en un sentido amplio, no se trata únicamente de descifrar sus palabras, sino de analizar también su comunicación no verbal, todo ello a fin de entender, o al menos de identificar, cuáles son los trazos de su mapa. Esto únicamente se consigue practicando la empatía, la escucha activa y obligándonos a nosotros mismos a dejar, momentáneamente nuestro mapa plegado y metido en un cajón…. ¡ya tendremos ocasión más adelante de sacarlo y desplegarlo!

Con esto no quiero decir que el consenso tenga necesariamente que alcanzarse, cada uno está plenamente legitimado a tener y mantener actualizado su mapa y, con mayor motivo, a marcar en la interacción con los demás los límites y fronteras de lo que considera tolerable o no. ¡Así debe ser!, pero, creo que esta demarcación es plenamente compatible con el ejercicio de plegar momentáneamente nuestro mapa para obligarnos a consultar el del otro antes de permitir que nuestras emociones nos dominen y guíen nuestra conducta. 

Y esto lo creo así porque aunque no tengamos la capacidad de cambiarle al otro su mapa, el conocerlo y lograr comprender qué resortes motivan sus actuaciones y sus conductas es algo que nos puede ayudar a orientar nuestra manera de comunicarnos, a enfocar objetivamente y racionalmente las reacciones ajenas y a distanciarnos emocionalmente de las consecuencias que éstas podrían provocan  en nosotros.

Imagen por cortesía de Sofía: http://autumnfeuille.deviantart.com/

Preciosa imagen por cortesía de Sophía: http://autumnfeuille.deviantart.com/gallery/

Vivimos en entornos de trabajo cada vez más globales, en los que, aparte de la interacción humana consustancial al desarrollo del trabajo, la gestión de la diversidad cobra cada vez más importancia. Contamos, a su vez, con tecnologías que nos mantienen permanentemente conectados, pero no por ello debemos caer en el error conceptual de pensar que conectividad equivale a comunicación, porque esto no es así. 

Esta película debería ayudarnos a ser conscientes de algo que parece obvio pero que frecuentemente olvidamos: Tanto nuestras acciones como nuestra manera de comunicarnos, hablan sobre nosotros mismos, y no funcionan de manera autónoma, aislada y estanca, sino que provocan una reacción emocional en los demás, además, este proceso funciona de manera bidireccional.

Toda relación, sea del tipo que sea, debe sustentarse sobre una sólida base de respeto y mantenerse con un ejercicio constante y bilateral de comunicación. A la vista de lo que acabamos de comentar, pienso que muchas de las faltas de respeto que a diario respectivamente nos atribuimos los unos a los otros serían probablemente evitables si, antes de emitir un juicio o de reaccionar ante un hecho, nos molestásemos en ejercitar la “empatía cartográfica” para conocer el mapa ajeno y si paralelamente hiciésemos un ejercicio de “asertividad cartográfica” para explicarle al otro cuál es el trazado de nuestro mapa.

Si no abrimos nuestra mente para intentar ver las cosas teniendo en cuenta el mapa ajeno además del propio nunca oiremos al lobo aullarle a la luna azul, ni vemos sonreír al lince, ni cantaremos con la voz de las montañas y, seguramente, tampoco descubriremos los colores en el viento…

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