LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: RAPUNZEL Y EL DESARROLLO DE COLABORADORES

 

Imagen por cortesía de Kimberley Castillo.  http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/

Maravillosa Imagen por cortesía de Kimberly Castello.
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/

 

Esta película fue una gran sorpresa para mi, antes de verla pensaba que de ella no se iban a poder extraer demasiadas conclusiones para la gestión de personas y… reconozco que al prejuzgar me equivoqué ¡y mucho!.

La historia de Rapunzel y de su talentoso cabello mágico nos muestra la realidad de lo que muchas veces ocurre cuando el talento en una organización no se sabe gestionar adecuadamente por dejarlo caer en manos de quien no es adecuado para liderarlo, o de quien ejerce una posición de poder de manera indebida.

La pequeña princesa Rapunzel tiene un don, su cabello es mágico y tiene poderes maravillosos: rejuvenece y sana a las personas enfermas. Para desplegar su poder ella solo tiene que cantar, cuando lo hace, su cabello brilla  experimentando la sobrenatural transformación. Un verdadero potencial para hacer el bien, ¿una bendición?. O al menos… eso parece.

En realidad, a medida que vamos avanzando a través de la trama de la historia nos damos cuenta de que ese talento que hace tan especial a Rapunzel está en realidad suponiendo para ella una gran limitación de cara a permitirle alcanzar su crecimiento y su desarrollo personal.

Rapunzel siendo muy pequeña fue secuestrada por la malvada Gothel, quien la crió haciéndole creer que era su hija y condenándola desde entonces a vivir sola, oculta, recluida en una torre, y por supuesto, apartada de sus verdaderos padres, los Reyes, quienes a su vez nunca dejaron de buscar a su pequeña princesa perdida.

Rapunzel no vive en un entorno proclive a permitir que su talento se desarrolle y crezca extramuros, sino todo lo contrario, vive supeditada a la figura de poder que representa su madre Gothel y trata de adaptarse como puede al hecho de tener que conformarse a vivir dentro de los límites que ésta le impone.

Gothel, a su vez, monopoliza la explotación del talento de Rapunzel , y lo hace para su propio aprovechamiento particular. Ella utiliza el poder que emana del cabello de Rapunzel para mantenerse joven, y por eso evita que ese talento sea conocido por el resto del mundo. Gothel, pese a ocupar una posición jerárquica superior y ostentar el poder, en realidad depende de Rapunzel, el cabello de la joven reúne las tres notas características que un recurso debe contener para que la dependencia se produzca: importancia, escasez e insustituibilidad.

Gothel concibe el talento de Rapunzel como si fuese algo de su posesión, teme perder el privilegio de poder disfrutar del beneficio que le reporta, y ante ese temor, no permite el desarrollo de Rapunzel pese a las ansias de la joven por volar fuera de esa torre y explorar el mundo exterior. La sola idea de permitirle salir de su encierro a Gothel le resulta insoportable y a la vez aterradora.

La privilegiada posición de «madre» que Gothel ostenta, y el poder derivado de la misma le permite  «legítimamente» decidir por Rapunzel  amparándose, eso si, en una supuesta voluntad por su parte de buscar su protección y de procurar siempre lo mejor para ella.

Asistimos por lo tanto al ejercicio del poder falsamente paternalista y que nos muestra su lado más coercitivo. El argumento que Gothel utiliza para justificarse en el ejercicio de su tiranía, como a continuación veremos es… «Madre sabe más», y opino que no es casualidad que al final de la escena Gothel bese el pelo de su hija en lugar de besarle la frente.

 ¿Cuántas veces hemos observado este mismo fenómeno en las Organizaciones?

Creo que no me equivoco si afirmo que en más ocasiones de las que nos gustaría los responsables de RRHH hemos observado cómo un superior jerárquico pelea con uñas y dientes no desprenderse de un colaborador valioso impidiéndole pasar a ocupar otra posición en el seno de la Organización. Y lo hace porque el talento del colaborador considera que le pertenece y porque, como responsable de un equipo, no quiere verse privado de la tranquilidad y de la confianza que le supone contar con ese talento, retenido a la fuerza, pero que le garantiza poder alcanzar cómodamente los objetivos encomendados.

De este modo, el responsable antepone su interés particular: conseguir su eterna juventud, al interés global de la Organización, y no digamos ya a la necesidad natural de desarrollo del propio colaborador y al requerimiento de satisfacer sus motivaciones intrínsecas. 

Es una reacción muy humana, a todos nos cuesta desprendernos de algo muy preciado para nosotros, pero también, los que dirigimos equipos deberíamos ser capaces de asumir, aunque a veces no sea fácil hacerlo, que el liderazgo consiste también en eso, me refiero a la necesidad de abrir perspectivas y de priorizar el interés general sobre el particular.

Por eso, en mi opinión, la gestión del talento se hace impracticable cuando quien debe liderarlo no es capaz de hacer un  ejercicio de honestidad y de responsabilidad corporativa en este sentido. 

Rapunzel experimenta en sus propias carnes una de las mayores injusticias que uno puede vivir en su vida profesional, es el fenómeno que yo denomino: pagar el precio de brillar. Tiene una «madre» que supuestamente valora su desempeño, sus habilidades, sus logros… y que se lo reconoce abiertamente, pero, ¿de qué le vale si no consigue salir de la torre en la que ésta la mantiene encerrada?. La frustración se cierne sobre ella y su motivación, lamentablemente, caerá en picado.

Pero las situaciones como la descrita no suelen perdurar por mucho tiempo e irremediablemente ocurrirá lo que suele ocurrir en estos casos. Un buen día, la historia da un radical giro: Rapunzel ata cabos y termina por descubrir su verdadera identidad, ¡ella es la princesa perdida!. Este descubrimiento le provoca una lógica revolución interior que le empuja a reunir el coraje necesario como para enfrentarse directamente a Gothel, todo tras darse cuenta del abuso al cual ella ha venido estando sometida. Su reacción será la previsible negativa a continuar poniendo su talento a disposición y al servicio de la que, hasta ahora, creía que era su madre cuando, en realidad, era su carcelera.  

Si volvemos a nuestro particular paralelismo, nuevamente comprobamos que este tipo de reacciones son extrapolables al ámbito de la gestión humana en la empresa. Y es que el estilo de liderazgo que, pese a reconocerle al colaborador su valía y sus logros, no cuida el propiciarle una vía para su desarrollo suele terminar «matando a la gallina de los huevos de oro».

Con esto quiero decir que, a la larga, el colaborador termina siendo consciente de quién es él verdaderamente. En ese momento, la venda se le caerá de los ojos y entonces valorará sus propias capacidades en lo que en realidad estas valen y las enfrentará a la realidad. El resultado de esta comparación desencadenará en el colaborador la más profunda de las desmotivaciones, el siguiente paso a este desencanto será el no dejarse ya deslumbrar por la positiva valoración de su responsable. Llegados a este momento el «Madre sabe más» ya no sirve, y el colaborador terminará irremediablemente por abandonar la Organización tan pronto como le sea posible, llevándose con él su mágico don a otro lugar.

Esta película me deja, a mi al menos, dos importantes lecciones para la gestión de personas: 

La primera es bastante evidente, la mala gestión del poder y del liderazgo hace impracticable la retención del talento, con lo cual el velar por un adecuado ejercicio de la autoridad debe ser una cuestión prioritaria en toda Organización.

La segunda enseñanza me la brinda la experiencia vivida, desde el otro lado, por la joven Rapunzel, y se concentra perfectamente en esta frase de Charles Swindoll: «La vida es 10% de lo que me ocurre y 90% de cómo reacciono a ello»

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Una respuesta a LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: RAPUNZEL Y EL DESARROLLO DE COLABORADORES

  1. El comparativo es fantástico, porque esta situación ocurre muy a menudo en las organizaciones, el talento de muchas personas se desperdicia porque está a la sombra de líderes envidiosos que no quieren que los demás sobresalgan. Desde la visión del Desarrollo Personal todos debemos estar con los ojos muy abiertos a las cosas que suceden en nuestro entorno y hacer los cambios cuando sea necesario.

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