LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: TOY STORY, EL GAAAANCHO Y LAS ORGANIZACIONES ALIENANTES

 

Toy Story es una película que nos regala muchas escenas memorables pero de entre todas ellas yo, desde luego, destacaría esta porque a mi personalmente me parece magistral…

 

El panorama es aterrador. ¿No es cierto?. Pero aunque así, en un primer momento, el enfoque nos resulte cómico y absurdo, casi surrealista, lo cierto es que este fenómeno de neurosis y ceguera colectiva si nos paramos a analizarlo descubriremos que es veraz como la vida misma y que en el mundo de la empresa a veces se manifiesta con absoluta rotundidad.

De hecho, existen desgraciadamente Organizaciones que son como esa nave espacial, son Organizaciones que viven en una burbuja, y que parecen ser totalmente ajenas al entorno que les rodea y a las amenazas que hay acechando en el mismo. Es cierto que la crisis ha obligado a muchas de estas Organizaciones a despertar de su letargo pero también es cierto que algunas aún son víctimas del espejismo del que ahora hablaremos.

Suelen ser Organizaciones ególatras, convencidas de su propia autosuficiencia, sin un ápice de humildad, Organizaciones que tienen una autoconfianza desmesurada en sus fuerzas y en sus recursos. Suelen cometer el pecado capital de no ser capaces de realizar su propio DAFO para analizar su posicionamiento desde una perspectiva realista. De hecho, al autoanalizarse suelen manifestar una clara tendencia hacia la ignorancia y menosprecio de las amenazas y, lo que es aún peor,  de sus propias debilidades internas. Además, esta tendencia suelen acompañarla de una paralela costumbre de ponderar sus fortalezas a través de una lupa de aumento.

Hablamos de Organizaciones enfermas, donde la capacidad de pensar se ha perdido o, ,mejor dicho, donde la atribución de pensar se le otorga solo a algunos. Son Organizaciones en las que solo el gaaaancho es quien está legitimado para pensar, para decidir el rumbo, para elegir quién se queda y quién se va…

Imagen por cortesía de JD Hancock https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

Imagen por cortesía de JD Hancock https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

«El gaaaaancho es el amo»

¿Cómo son los marcianitos de nuestra escena?. ¡Son todos iguales!, todos están perfectamente cohesionados e inmersos en su particular locura. Ellos no se autocuestionan nada ni tampoco valoran, pese a tenerla delante de sus TRES ojos, la evidente amenaza que representa Sid, con su maquiavélica camiseta, golpeando con furia la máquina desde fuera.

Hago un breve inciso para invitaros a reflexionar sobre el hecho de que no deja de tener su gracia que el elemento diferencial que nuestros amigos tienen, ese tercer ojo que debiera facilitarles el  llegar más lejos en su visión estratégica, no lo empleen para ver la realidad y para encaminarse a buscar la manera de salir de su bucle de ceguera colectiva.

El planteamiento de vida de nuestros marcianitos es realmente simple, para ellos el gancho es el amo, él es quien decide, a su garra encomiendan su vida, su futuro, su espíritu.

Nuestros fanáticos marcianitos no tienen que pensar, solo tienen que dejarse llevar y no discutir, ellos son todos homogéneos y estandarizados conforme al patrón oficial de conducta, no tienen aparentemente ningún valor diferencial, tampoco ninguno de ellos parece ser consciente de tener un talento especial que poder aportar, a ellos se les mide y se les evalúa en base a criterios que desconocen. El gancho es su mando gestor, él es quien decide quién será el elegido, y quién irá a un lugar mejor. Ellos tienen que limitarse «a cumplir su horario y a hacer lo que se les manda».

Aunque pueda resultar difícil de creer, es cierto que, lamentablemente, existen Organizaciones donde la vida fluye asi, errante, sin un rumbo claro, sin un liderazgo que comunique objetivos, sin una visión estratégica clara y sin que cada uno sepa lo que de él se espera y cuál es su papel de cara a la consecución de los objetivos marcados.

Son entornos donde no se dialoga, donde el cambio no cuaja porque no fluye, y si no prospera… es porque no se comunica la visión, porque no se hace a las personas partícipes del proyecto, porque no se explican los fundamentos del cambio  y la necesidad de acometer el mismo, y porque únicamente se intenta imponerlo por la vía de la fuerza. 

Imagen por cortesía de Tom Newby https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

Imagen por cortesía de Tom Newby
https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

«Los Advenedizos»

¿Qué ocurre cuando llega savia nueva a estos entornos?. Pues la respuesta nuevamente la tenemos en el video, por eso insisto en que a mi la escena me parece tan magistral. El recién llegado se integra, se le acoge, pero de él se espera que su manera de pensar se homogeneice con la del resto de la Organización, en estos entornos no se necesitan notas discordantes, se buscan remeros. Son Organizaciones en las que todo son verdades universales y en las que todo está ya inventado.

Los «Pepitos Grillos» que desde la base de la pirámide quieren hacer ver los peligros y las amenazas no son bienvenidos en este tipo de ambientes. Por eso Buddy es neutralizado en su intento de salvar a Buzz de «integrarse en el sistema» y, por ende, de caer en las manos de Sid. Los marcianitos le detienen y su argumento es el siguiente: Él es el elegido, debe ir… les faltaría si acaso añadir un ¿Cómo osas tu, advenedizo, a pensar diferente?.

Son Organizaciones tristes, cansadas, en las que la gente, su verdadero activo si tenemos en cuenta que las Organizaciones las construyen las personas, está desmotivada, desaprovechada, desanimada, son Organizaciones en la que el talento no está liberado y se siente sofocado.

Esta escena, a mi al menos, me hace extraer la siguiente enseñanza para la gestión de personas: El talento en las Organizaciones funciona igual que el crecimiento de las tortugas. Una tortuga adapta su ritmo de crecimiento al espacio vital que tiene, es decir, que si  compras una tortuga y la mantienes viviendo en un terrario de reducidas dimensiones nunca crecerá. Por el contrario, si a esa tortuga le vas ampliando los límites y le vas cambiando de terrario a uno mayor de manera progresiva la tortuga crece. Os invito por tanto a que mantengamos esta idea en la cabeza y a que meditemos sobre ella para gestionar adecuadamente el talento en nuestras Organizaciones. 

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