LA GESTIÓN DISNEY DE RRHH: FROZEN Y EL RIESGO PSICOSOCIAL DE ELSA

Si hay una escena de película que nos pueda ayudar a entender bien lo que es la falta de adaptación al rol creo que sin duda alguna sería esta…

 

Creo que la escena es autoexplicativa y que conecta directamente con el aspecto relacionado con la gestión de personas que hoy quiero tratar en este post.

Elsa, estaba encerrada en el puesto equivocado. Yo hasta diría que estaba condenada a su desempeño. Ella sufre en primera persona la falta de adaptación al puesto, ya que la demanda del puesto de reina de Arendelle es extremadamente opuesta a su perfil, e incluso a su propia naturaleza como persona.

Elsa desempeña un rol, tal y como todos lo hacemos en el ámbito profesional. Si recurrimos al ámbito técnico y consultamos la Nota técnica de prevención nº388 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) encontraremos en ella la siguiente definición de lo que es un rol:

«En una organización, el «rol» o «papel» de cada uno sería un conjunto de expectativas de conducta asociadas con su puesto, un patrón de comportamiento que se espera de quien desempeñe cada puesto, con cierta independencia de la persona que sea».

Es decir, que el rol no es más que una expectativa de comportamiento o de conducta que se define sin tener en cuenta a priori las características personales de quien debe desempeñarlo. Ahora bien, debemos tener en cuenta que, en lo que respecta a la delimitación del rol,  existen algunos márgenes de flexibilidad.

Por una parte, tendremos el rol institucionalizado, que se conforma por el contenido del puesto de trabajo desde un punto de vista operativo, viene a ser, por expresarlo de un modo coloquial, la expectativa oficial que recae sobre el puesto en lo que a su función y a la misión atribuida al mismo se refiere.

Ahora bien, existe además un contenido emergente que se va sumando al contenido institucionalizado del rol, este contenido emergente es inesperado, no planificado, y muchas veces fruto de las circunstancias coyunturales que envuelven al puesto y también de la propia personalidad de su ocupante.

Pero además, el rol debe entenderse como algo vivo y dinámico, se va conformando a lo largo del tiempo a base de un proceso de negociación interna. Este proceso de negociación ha de entenderse como la búsqueda de un equilibrio entre la expectativa y la percepción personal que del puesto tiene quien lo ocupa y entre la paralela expectativa que de la función asociada al mismo y de la demanda de su desempeño mantiene la propia Organización.

A Elsa el frío nunca le molestó

Mi agradecimiento a Elise Brave por permitirme ilustrar el post con esta espectacular imagen. http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/

En el caso de Elsa, este proceso de negociación del que hablábamos es realmente complejo. La expectativa de la Organización sobre su puesto, la definición institucionalizada de su rol está desde el principio muy clara y muy marcada, es muy fuerte … y el problema se suscita porque ella, para poder dar cumplimiento a esa expectativa, debe ocultar algunas notas de su identidad personal, en concreto, su poder de congelar todo lo que toca.

Esta imposición deja a Elsa sin posibilidades de negociación para que el mecanismo habitual de conformación y delimitación de su rol fluya con normalidad.

El entorno laboral de Elsa le somete a un riesgo psicosocial que ella no puede soportar, la presión y la tensión interna que la demanda de su puesto le requiere es excesiva ya que le obliga a una ocultación de si misma, ocultación que ella no puede mantener de manera sostenida en el tiempo. Por eso huye y decide soltar su poder, construirse un entorno donde esa presión desaparezca y donde «ella pueda ser realmente ella». Porque al fin y al cabo ella no siente ni entiende que su poder sea algo de lo que tenga que avergonzarse, «A ella el frío nunca le molestó».

El contenido del rol de Elsa afecta de manera alarmante y sostenida a su bienestar psíquico y social. Para empezar, le ha requerido indirectamente la imposición de un doloroso entorno de aislamiento social con respecto a su hermana Anna y la necesidad de ocultarse del mundo. La necesidad de ocultación de su poder ha llegado incluso a afectar a la percepción que ella tiene de si misma, a su aceptación y a su autoestima.

El entorno de tensión que le supone su coronación como reina, y la prueba de tener que coger el cetro sin que éste se congele está minando la capacidad de adaptación de Elsa. Igualmente, le mina la seguridad el sentirse incapaz de controlar adecuadamente la impulsividad de su hermana menor para conseguir que ella igualmente se ajuste al rol que, como hermana de la reina, le corresponde desempeñar. Y es que el verse obligado a tener que dejar de ser uno mismo para poder desempeñar su trabajo es una dura prueba para cualquiera.  

De ahí deriva el estallido de su tormenta, su desmotivación, su insatisfacción, su frustración … pero también su reacción de rebeldía contra el entorno y su manera de manifestarla en forma de reafirmación personal: aislarse, marcharse de este entorno y construirse un castillo de hielo donde poder reinar, en soledad, si, pero sin farsas y sin imposiciones de imposible cumplimiento. Elsa desde ese momento crece, se transforma, y deja de negarse a si misma para asumirse tal cual es. 

Imagen por cortesía de http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/

Mi agradecimiento a Orinthia Tyller por su permiso para la utilización de esta preciosa imagen http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/

Pero por desgracia el aislamiento no es la vía para resolver este problema, aunque a veces un aislamiento transitorio también puede ser necesario para  tomar perspectiva.

En este caso el reequilibrio de facetas en la vida de Elsa se logra a través del apoyo de su entorno familiar, concretamente de la ayuda que le presta su hermana Anna.  

Elsa consigue finalmente el necesario control sobre si misma y sobre sus emociones. A su vez, su entorno, las exigencias de sus súbditos, también se flexibilizan para aceptar la especial condición de Elsa. El entorno se adapta a ella logrando que el proceso de encaje entre la demanda de su puesto y sus características personales se haga viable.

Muchos profesionales experimentan sensaciones parecidas a las de Elsa, y máxime hoy en día ante el endurecimiento de las condiciones de trabajo y la precariedad de medios resultante del entorno de crisis económica que atravesamos.

La demanda de contención emocional de los puestos es cada vez mayor y no debemos olvidar que las reacciones de las personas ante estas situaciones de tensión sostenida no son uniformes, ya que dependen tanto de la percepción que cada persona tiene de la propia situación como de sus recursos personales para poderle hacer frente.

Nuestra labor como responsables de equipos, como profesionales de RRHH y como técnicos en Prevención de Riesgos Laborales pasará por tratar de detectar este tipo de situaciones, sobre todo para poner los medios posibles para evitar o minimizar sus consecuencias sobre la vida y la salud de las personas. Evitemos por tanto en la medida de lo posible que más palacios de hielo tengan que construirse como refugio e intentemos facilitar a «nuestras Elsas» los recursos necesarios para salir de ellos.

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