¡¡¡ME VOY!!!: SABER GESTIONAR LA DESVINCULACIÓN

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Imagen por cortesía de Gubgib/FreeDigitalPhotos.net

 

Hoy voy a hablar de una canción que para mi es especial por muchos motivos, se trata de «Me voy» de Julieta Venegas, es una canción que me evoca conceptos como: fuerza, valentía, superación, autoestima, determinación… 

 

 

Pero si hoy traigo esta canción al blog no es para hablar de mi relación personal con ella,  o de lo mucho que me engancha su vitalidad y su toque de acordeón… La traigo para poner en relación los mensajes que su letra encierra con el ámbito de la gestión de personas, porque os aseguro que esta canción es una joya y que contiene muchos elementos de reflexión aprovechables en este sentido. 

Su letra creo que describe perfectamente las sensaciones que uno experimenta manteniendo la entrevista de desvinculación con una Compañía, y lo hace con independencia de en qué lado de la balanza te toque estar, así que, además, podría incluso valer para ilustrar ambas perspectivas, la de quien decide marcharse y la del abandonado. Veamos:

 «Los Motivos»

 «Porque no supiste entender a mi corazón, lo que había en él, porque no tuviste el valor de ver quien soy»

«Porque no escuchas lo que está tan cerca de ti, solo el ruido de afuera y yo, que estoy a un lado desaparezco para ti»

¿No es verdad que de algún modo cuando un colaborador se marcha lo hace por una falta de entendimiento con la Organización?, porque siente que ya no encaja en ella, o porque no se siente suficientemente valorado. Tal vez en su fuero interno ha llegado a asumir que, la que hasta ese momento ha venido siendo laboralmente su casa, no ha tenido el valor de «ver quién era él», de captar cuál era su potencial y de ofrecerle una vía de desarrollo y de crecimiento profesional adecuada para poner en valor esas capacidades.

Y ¿no es igualmente cierto que algunas veces los que gestionamos personas y los que dirigimos equipos buscamos fuera las capacidades que, casualmente, muchas veces tenemos dentro de casa?. Seguramente estamos tan cegados que ni siquiera somos conscientes de que en ocasiones tenemos al colaborador cercano haciendo lo mismo que Julieta hace en el video: pidiéndonos «megáfono en mano» un gesto de confianza hacia él y que hagamos un ejercicio de delegación que le permita demostrarnos su valía.

Pienso que esta actitud es muy asimilable a la de «evitar escuchar lo que tienes cerca de ti y escuchar solo el ruido de afuera». Lamentablemente, todos en alguna ocasión hemos cometido ese error, tenemos mucho talento dentro de nuestros equipos al que hemos hecho invisible, o lo que es peor, ¡lo hemos hecho cómodo!, a fuerza de no contar con él.

 «Yo que pensé, nunca me iría de ti, que es amor del bueno, de toda la vida pero hoy entendí, que no hay suficiente para los dos»

Nadie se incorpora a un proyecto pensando en abandonarlo, sino en crecer con él. Nos ilusionamos y tratamos de ponerlo todo de nuestra parte para que «esta vez funcione», por eso, quien decide poner fin a una relación laboral o profesional en el fondo  lo hace porque sabe que no cabe esperar ya nada más de ella.

Lamentablemente, las Organizaciones son como las personas…  ¡muy pocas veces cambian! y si lo hacen será porque el impulso de ese cambio fluye desde la cima y va calando hasta la base, nunca sucederá en sentido contrario, por más que nos entren tentaciones a veces de adoptar el papel de Guerrero del Antifaz y querer hacer de este modo la guerra por nuestra cuenta.

En cualquier caso, el cambio en una Organización, de producirse, cabe esperar que sea un proceso lento. La persona desmotivada es consciente de sufrir un proceso de erosión, lento pero constante, y a resultas de ello en su reloj empieza la cuenta atrás.

Es inevitable que esta persona analice cuáles son sus necesidades y que las ponga en relación con el valor que la Organización le aporta a ella, igualmente, esta persona ponderará qué nivel de esfuerzo e implicación está dispuesta a realizar….

En ocasiones, el resultado de todas estas reflexiones y valoraciones se resume en una clara y demoledora conclusión: Ni el grado de compromiso ni el de mutua confianza es ya suficiente para ninguna de las partes.

 «La Determinación»

«No voy a llorar y decir, que no merezco esto porque, es probable que lo merezco pero no lo quiero, por eso me voy»

«¡Qué  lástima pero adiós! me despido de ti y me voy. ¡Qué lástima pero adiós! me despido de ti…»

Y llegado este momento, ante la frustración, ante ese entorno que nos rodea y que no satisface ni de lejos nuestras expectativas, podemos adoptar básicamente dos posturas: quedarnos y asumirlo, ¡con mucha dosis de resignación!, o cambiarlo, poniéndole en ese caso mucha dosis de valentía. 

Hay Organizaciones que brindan la oportunidad de cambiar de entorno internamente. En esos casos la experiencia puede ser positiva y resolver el problema siempre y cuando el desajuste entre la persona y la Organización no se produzca a nivel macro (inadaptación a su cultura, su estilo de liderazgo, su modelo de relación… etc), sino focalizado en la interacción con un superior, con el compañero o incluso en el contenido operativo del trabajo.

Hay otras Organizaciones, más rígidas, en las que la posibilidad de acceder a otro puesto por la vía de la movilidad interna es remota. También algunas veces la relación y el encaje Persona/Organización está ya tan deteriorado que es irrecuperable. En esos casos, la única opción de cambio viable para la persona será abandonar la Compañía. 

Llegados a este punto no debemos tampoco olvidar lo importante que es saber salir. En esto, la canción también resulta tremendamente inspiradora. Salgamos evitando caer en  la tentadora «letanía del santo reproche», ni sucumbamos tampoco a la visceralidad que nada nos aporta ante una relación que está ya agotada. 

El diálogo, el análisis de las causas, puede ser muy positivo para ambas partes, pero tiene que hacerse con la debida distancia emocional, y es complicado a veces conseguir esa distancia justo en el momento de la desvinculación. 

Por eso, lo más inteligente es, nuevamente, seguir el ejemplo de actuación de Julieta: A estas alturas da igual quién tuvo la culpa, si merecemos o no el trato recibido, lo importante es ser pragmático, asumir con serenidad que algo no funciona, que lo que la otra parte ofrece no te satisface y, por lo tanto, tener claro que «eso» no es lo que tú quieres.

Entonces, lo que toca es respirar hondo, tomar las riendas de tus propias decisiones y apelar a esa fuerza interior que todos tenemos para sencillamente decir… ¡Me voy!, aplicando aquello de:  A buen entendedor con pocas palabras le basta.

A su vez, la «parte abandonada», también debe hacer lo propio, esto es, asumir deportivamente que la persona es libre de tomar sus propias decisiones. Siempre le recomendaré evitar caer en la abominable costumbre de lanzar una contraoferta, ya que, en mi opinión, viene a ser algo así como un «intento absurdo de comprar compromiso precipitadamente a golpe de talonario» obviando de este modo la imposibilidad manifiesta de que la confianza dañada se pueda restablecer.

A esta parte le corresponderá también la labor de reflexionar e intentar aprender de sus propios errores, es razonable pensar que siempre los habrá. En el caso de que la decisión la considere injusta su consuelo será recurrir a esa máxima tan cierta que dice: Detrás de mi vendrá quien bueno me hará, o incluso a la de: Tanta gloria lleves como paz dejas, que también hay quienes se ganan a pulso que su salida se acompañe de este epitafio. 

«La Esperanza»

 «Porque sé, que me espera algo mejor alguien que sepa darme amor, de ese que endulza la sal y hace que, salga el sol»

Pero no todo va a ser gris. Esta estrofa incorpora algo, para mi, importantísimo y que no puede faltar en un proceso de este tipo: la esperanza, la ilusión, el crecimiento personal ante la adversidad, el ser capaz de pasar la página, de no enrocarse en el lamento por el mal trago y de no quedarse paralizado por la mala experiencia.

Por eso, es importante saber hacer borrón y cuenta nueva, y para eso es imprescindible dejar caer todos los lastres desde el globo, conseguir descontaminarse para volver a empezar un proyecto con ilusión renovada, sin estigmas y, sobre todo, sin dudas sobre nuestra capacidad de afrontar con éxito los nuevos retos futuros que encaramos.

Siempre seremos capaces de empezar de nuevo, en cualquier entorno, como Julieta: ya sea en el polo o en la casita del bosque…  y naturalmente seguiremos creciendo en cada cambio. 

No se a vosotros, pero a mi me están entrando unas ganas tremendas de volver a escuchar la canción, así que ¡me voy!

 

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