LIDERAZGO Y CINE

 

Imagen por cortesía de: renjith krishnan/Freedigitalphotos.net

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Creo que todos estamos de acuerdo en estamos en tiempos difíciles para dirigir equipos. Los objetivos son ambiciosos, los medios para conseguiros se restringen, la presión se deja sentir y las herramientas de motivación tradicionales: mejora salarial, desarrollo y promoción caen en desuso, siendo sustituidas por conceptos tan básicos y elementales como la pura supervivencia laboral y el mantenimiento del empleo.

Podríamos resumirlo diciendo que, en este momento, dirigir un equipo supone una acometer una «cruzada» en la que hay que enfrentarse a la tarea de exigir más a los colaboradores sin poder recompensar más por ello.

Me atrevería incluso a afirmar que en el escenario actual las competencias y conocimientos técnicos que un líder posea no van a serle tan útiles como lo han sido en el pasado, y que, en contraposición, deberá emplearse a fondo y sacar el máximo partido a las competencias que posea ligadas a habilidades directivas y de gestión de personas.

Llegados a este punto, es obligado referirse a qué competencias son las que un líder debe poner en juego para afrontar este desafío, para ello, lo más natural sería que ahora me dedicara a reproducir referencias y definiciones contenidas en un diccionario de competencias.

Sin embargo, las definiciones como tal no terminan de gustarme, es más, no creo que exista una manera más gráfica de exponer en qué consiste una competencia, que a través de la observación de sus evidencias, esto es, de aquellas conductas que ponen de manifiesto claramente su existencia… o lo que es lo mismo: «El movimiento se demuestra andando».

Por eso, voy a huir de los planteamientos teóricos exponiendo cuál debiera ser el perfil competencial de un líder perfecto en los tiempos que corren apoyándome en la búsqueda de ejemplos que a todos nos resulten familiares, y para ello no se me ocurre una mejor fuente que el cine.

LUCES, CÁMARA… ¡ACCIÓN!:

CONSTRUYENDO UN LÍDER PERFECTO

Vamos a ir construyendo el perfil de nuestro líder escogiendo aquellos rasgos de personalidad que algunos protagonistas de películas nos han mostrado, y lo haremos recordando las siguientes escenas:

Erin Brockovich: «La inteligencia emocional y la habilidad negociadora» 

¿Quién no recuerda aquél momento en el que, el ama de casa enferma firma, en el salón de su casa, la autorización para demandar?. Tras firmar, le ofrece a Erin y a su jefe café y bizcocho. El jefe de Erin, a la vez que guarda apresuradamente el impreso firmado rechaza el ofrecimiento con un seco: «No, gracias, tenemos prisa». Erin le tira de la chaqueta y le murmura entre dientes: «¡Tómese un café.. coño!».

No creo que pudiera encontrar un ejemplo mejor de cómo manejar la inteligencia emocional: De cómo ser capaz de captar que en ese momento, en el que la mujer ha dado un paso de confianza hacia su abogado, éste, sencillamente, no puede permitirse devolverle un «no» al ofrecimiento de cercanía, casi familiar, que su cliente le está brindando en forma de bizcocho casero. 

¿Y cuándo la abogada de la Compañía demandada niega que el agua de la zona esté contaminada y va a dar un trago a un vaso de agua durante la reunión?

Ella le dice: «Ese agua está traída de la zona especialmente para esta reunión». Claro ejemplo de habilidad negociadora, manifestada a través de la técnica de poner al contrario contra las cuerdas utilizando su propia afirmación.

Estos dos rasgos en mi opinión son imprescindibles para liderar equipos hoy, resulta tan necesario la habilidad negociadora, a través del manejo del juego de intereses contrapuestos para alcanzar un equilibrio común, como el saber identificar, gestionar e interpretar las emociones ajenas adecuadamente. 

Scarlett O´Hara: «La adaptación al cambio y la orientación a resultados». 

En este caso, no podemos ilustrar la adaptación al cambio que destaca en este personaje ciñéndonos a una única conducta. Debemos analizar la evolución del personaje  desde el inicio de la película, cuando coqueteaba con todos los jóvenes en Los Doce Robles para ver a quién le otorga el honor de traerle el postre, hasta el mítico «A Dios pongo por testigo» de después tras escarbar la tierra en busca de comida.

No hay un momento en el que toda la tremenda experiencia de cambio que nuestra heroína vive le haga perder un ápice de su fuerza.  

Tampoco es nada desdeñable la tenaz orientación a resultados que Scarlett demuestra poseer llegando a robarle el pretendiente a su hermana Sue Selen únicamente con el fin de lograr su objetivo: La salvación de Tara. ¡Por no hablar de su obsesión casi enfermiza por su adorado Ashley Wilkes!.

En ambas situaciones, tuvo claro el objetivo y sencillamente… Fué a por él.

Estas dos competencias son igualmente necesarias para liderar en estos tiempos, es imprescindible centrarse en el objetivo, concentrar y orientar los esfuerzos, tanto los personales como los de los colaboradores, hacia su consecución, y sobre todo, ser capaces de hacerlo en un entorno de cambio constante, normalmente en entornos y condiciones cada vez más hostiles.

 Maestro Yoda:«El desarrollo de colaboradores» 

Todo el personaje es una demostración viva de esta competencia. Si tuviese que elegir una situación concreta para ilustrarlo elegiría el momento en el que Luke intenta sin éxito aplicar la fuerza para sacar su nave de una ciénaga y el maestro le dice: «Hazlo… o no lo hagas, ¡pero no lo intentes!».

Fundamental en estos tiempos ser capaces de infundir la necesaria autoconfianza en el equipo, el conocido «Efecto Pigmalión», que se resume en que nuestros logros, muchas veces, no dependen tanto de nuestras capacidades como de nuestra propia autoconfianza, la cual tenemos la mala costumbre de asociar a la fé que seamos capaces de generar en el otro. Buscamos fuera el refuerzo que deberíamos buscar en nuestro interior. 

El desarrollo de colaboradores tiene mucho que ver con la polivalencia y la delegación. En estos momentos, en los que las plantillas se ajustan a la baja y la remuneración no es una opción para motivar, creo que es evidente que esta competencia resulta crucial. Aunque, también, el desarrollo de colaboradores va intrínsecamente unido a, lo que en mi opinión, en una de las cosas que más cuesta asumir como líder: el sacrificio que supone desprenderse de un miembro valioso de tu equipo para que pase a ocupar otra posición dentro de la Organización. 

La abogada de Gerard Conlon (En el nombre del padre): «la visión estratégica»

Momento memorable aquél en el que el celador que custodiaba los expedientes está de baja y es sustituido por otro compañero. Ella aprovecha el desconocimiento de éste para pedirle el expediente de Gerard, al cual no se le permitía acceder, en lugar de el de su padre Giuseppe, que era para el que tenía otorgado el permiso de acceso.

Ejemplo, para mi clarísimo, de visión estratégica, competencia que posteriormente demuestra en cotas máximas cuando, durante el juicio, ella consigue liberar a su cliente al exhibir la foto que tenía la anotación «No enseñar a la defensa», sacada del expediente.

El pensamiento creativo, la capacidad de detectar la oportunidad y de sacarle provecho, y la optimización de los recursos, forman parte de la visión estratégica,  todas ellas son habilidades cuyo valor está en alza en entornos de gestión en los que existe limitación de recursos . 

George Bailey (¡Qué bello es vivir!): «Tolerancia a la frustración y capacidad de influir en los demás».

No creo que en toda la historia del cine encontremos una película con más enseñanzas para la vida, en todos sus órdenes, que esta última que nos ocupa. 

¡Quiero vivir otra vez!, ¡Quiero vivir otra vez!… Es la frase que nuestro protagonista pronuncia pese a su desesperación ante las dificultades, es un ejemplo de autosuperación y de tolerancia a la frustración, alguien que, pese a las dificultades y a estar con el agua al cuello,  no se rinde, alguien que es capaz de levantarse una y mil veces para seguir remando.  

Estamos ante un personaje con la suficiente fuerza como para generar cohesión e influencia en los demás, como para movilizar a un pueblo entero para acudir en su ayuda, es alguien que recoge lo que previamente ha sembrado. Este personaje ilustra magistralmente lo que debe ser la labor ejemplarizante de un líder.

Es imposible liderar equipos en estos tiempos sin poner en juego nuestra tolerancia a la frustración, sin negarse a tirar la toalla,  y sin sacar nuestra capacidad de luchar por seguir a flote. La fuerza y el entusiasmo de un líder unido a su integridad suele tener un efecto contagioso para su entorno.

Después de todos estos ejemplos, creo que podemos darnos una idea más clara de lo que debemos hacer: Trabajemos nuestra inteligencia emocional y nuestra habilidad negociadora. No nos quejemos del cambio… ¡adaptémonos a él! y empleemos nuestra visión estratégica para alcanzar nuestro objetivo. Busquemos el desarrollo de nuestros colaboradores, impliquémosles en el proceso y hagámosles partícipes. Pero, sobre todo, seamos capaces de levantarnos ante los tropiezos porque… somos responsables de un equipo, y nos debemos a ello.

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